Un poco de sensatez

Carmen Fernández EN CASCADA

BARBANZA

Han pasado casi diez meses desde el inicio de la pandemia. Aquel 14 de marzo en el que se decretó el estado de alarma. El confinamiento parece muy lejano, y es así. El tiempo pasó, pero hay gente que no cambió ni asumió la realidad. Pocos tienen la suerte de no haber vivido de cerca el virus: ni familiares o conocidos contagiados, allegados fallecidos con covid o personal sanitario que está en primera línea plantándole cara.

El eco de los aplausos que salíamos a dar en el confinamiento dejó de sonar hace meses y con él se fue la coherencia y la responsabilidad individual. Es duro ver cómo un familiar se va sin poder despedirse porque tiene que estar aislado. O como una amiga se pasa las noches en el hospital atendiendo a personas con coronavirus, poniendo en riesgo su salud y su estabilidad emocional, mientras otros optan por saltarse las medidas alegremente.

«Saldremos de esta, y saldremos mejores y más unidos». Las redes sociales se llenaron de mensajes como este que en muchos casos se quedaron en expectativa, porque por el camino se perdió la sensatez: vale más el disfrute personal que la salud de quienes te rodean. Las viviendas particulares se convirtieron en los nuevos puntos de reunión y como se está en casa se entra en una realidad paralela en la que no hay covid y se baja la guardia. Y también las mascarillas.

Barbanza se convirtió en las últimas semanas en una comarca casi dominada por el virus. Al final la premisa más básica será la que determine el cambio: más responsabilidad, menos exposición y cumplimiento de las normas.