Hará mañana un año de mi artículo Váyanse a hacer puñetas, en el que criticaba la actuación de los jueces, magistrados y similares por su extraña e inoportuna vigilancia de la pureza legislativa en las decisiones sanitarias para contener el covid 19. Ahora, que todavía veo a la casta judicial mucho más crecidita que entonces, empiezo a notar claras similitudes con los poderes de los ayatolás de los estados islámicos.
El mulá de los ayatolás, tanto con turbante negro (tal que corresponde a los descendientes de Mahoma), como los más comunes que los visten de blanco, utilizan este y su abâ (capa negra) para dictar sentencias de cualquier orden y materia; pues lo mismo sucede con los jueces y magistrados españoles. Los unos basándose en la interpretación más purista del Corán y los nuestros (más o menos fundamentalistas), en su particular interpretación de las sagradas normas de la Constitución.
Nuestros talibanes jurídicos (de talibán: defensor de la pureza de la norma), ante decisiones políticas basadas en criterios médicos, hacen prevalecer el poder de sus batas negras que llaman togas, de sus insignias y de sus bordadas puñetas, para suspender las directrices de quienes se supone son los verdaderos conocedores de las cuestiones sanitarias. Al igual que los mulás de los ayatolás, se erigen en valedores supremos en cuestiones que les sobrepasan, generando enorme incertidumbre en el administrado.
Algunos jueces y magistrados españoles (celosos e intocables en sus prerrogativas hasta que se topan con el Tribunal de Justicia de la Unión Europea de Luxemburgo) son capaces de ver la irregularidad de un toque de queda o de un certificado covid, pero en cambio, la venda en los ojos de su símbolo corporativo no les permite ver las consecuencias positivas de normas que emanan de consideraciones sanitarias y que, a juicio mayoritario del pueblo soberano (con la excepción de la gama talibán negacionista), son necesarias, cuando no imprescindibles, para evitar la propagación del virus.
«La ley no tiene derecho a prohibir más que las acciones nocivas a la sociedad». Así consta en la Declaración Francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. De manera que las cuestiones a considerar deberían de ser: ¿Son los toques de queda y los certificados covid acciones nocivas a la sociedad? ¿Alguien cree que las restricciones que dictan los distintos gobiernos, en aras de evitar la proliferación de casos vulneran derechos fundamentales?
Pues sí; los mulás de los ayatolás, revestidos de sus turbantes negros o blancos y de sus capas negras, metidos a juzgar cuestiones que, por lógica, les deberían ser ajenas, así lo creen. Y en esto, tienen bastante similitud en el fondo y en la forma, con las sentencias de alguno de nuestros jueces y magistrados, con sus togas y sus bordadas puñetas.