Se acabó

Ana Lorenzo Fernández
Ana Lorenzo ENCRUCIJADA

BARBANZA

MARCOS CREO

Los fuegos artificiales de las fiestas del Nazareno han sido desde siempre como la barrera que marcaba el final del verano. Eran como el colofón a todo lo bueno que había pasado durante las vacaciones y el inicio de un otoño-invierno-primavera que siempre se solía prolongar más de la cuenta. Para nosotros, daba igual que en septiembre se volviera al cole, al instituto o la universidad, y que muchos se despidieran de las playas y las terrazas; en A Pobra todavía nos quedaba un cartucho para disfrutar un poco más de la mejor época del año.

Aunque la pandemia nos ha arrebatado de todo, incluso la ilusión de volver a la vida de antes, esta vez pudimos saborear en pequeñas dosis algo de las fiestas: los niños volvieron a subirse a las atracciones de feria, hubo música y actuaciones en las calles, y una sesión de pirotecnia que, aunque no se publicitó y hubo que seguir desde las ventanas y balcones, sí sirvió para despedir unas celebraciones que todos esperamos volver a disfrutar a lo grande.

Ahora sí que se terminó el verano, y el balance pudo haber sido mucho mejor, pero también peor. Julio fue un auténtico desastre, porque no solo no hubo buen tiempo, sino que los contagios se multiplicaron tanto que se marcaron las cifras más altas de todas la pandemia. Sin embargo, a medida que se fue vacunando, parece que ya le fuimos perdiendo un poco el miedo al virus y pudimos retomar la vida social, aunque tuviésemos que cenar en mesas de seis y apresuradamente para estar de vuelta en casa a la una.

Ha vuelto a empezar la cuenta atrás y falta menos para el próximo verano. Este ya se acabó.