Normas

Ana Lorenzo Fernández
Ana Lorenzo ENCRUCIJADA

BARBANZA

CARMELA QUEIJEIRO

Igual que decía aquella película eso de que las bicicletas son para el verano; Barbanza también es para el verano. La comarca es uno de los mejores lugares para disfrutar de estos meses, con unas temperaturas suaves donde no hace ni demasiado calor ni demasiado frío —aunque no hay que olvidar nunca de llevar una chaquetita por las noches—; con una entrada de turistas considerable, pero que no llega a la marbellización de Sanxenxo; y con unas playas y una gastronomía de lujo para poder morenearse y llenar la barriga con los mejores productos de la ría.

Sin embargo, todos los años ocurre lo mismo: desembarcan los visitantes y empiezan a campar a sus anchas. Parece que piensan que las normas las tienen que cumplir solo los vecinos de a pie y que a ellos se les permite saltárselas por el hecho de residir fuera. La señales que impiden circular o aparcar en determinados lugares son iguales aquí y en la Conchinchina, pero parece que ciertos turistas se hacen los locos para champar sus coches justo al ladito de casa, da igual que quede en el medio y medio de una zona peatonal por donde cruzan niños y mayores confiados en que no serán atropellados.

Esas mismas señales que impiden llevar perros a las playas, porque ya hay arenales reservados exclusivamente para ellos, también parecen de otra galaxia para ciertos turistas, que no se quieren desprender de sus mascotas y se saltan a la torera las indicaciones. Aunque le corresponde a la Policía Local vigilar y sancionar estas conductas, está claro que lo que no se puede hacer y está prohibido es una norma para todos, seas de Barbanza o de Alburquerque.