
Este mes se celebra el Día de la Poesía y desde la asociación Veciños de Carreira valientemente han decidido apostar por un recital poético donde llevan a tres poetas top y a mí, que cubriré la cuota de amigo feo que hace que los demás parezcan más guapos. Los poetas en cuestión son Encarna Pego, Ana Bermúdez y Carlos Lixó. El 29 de marzo en el nuevo centro social de Carreira, declamaremos nuestras nanas de pan y cemento a los ocho vientos.
Yo, como tantos, empecé a escribir poesía por una chica. La chica se marchó y la poesía se quedó conmigo. El último recital en el que participé fue hace años, en Madrid, en un bar underground. Eran días de acné y rebeldía, donde concebía la poesía como un trago de whisky sin hielos antes de pelear contra Bukowski en un callejón. Poesía suburbana, cruda pero elitista en su desdén. Me creía un lobo solitario aullando versos a una luna que nos irradiaba mientras masticábamos nuestra tristeza.
¡Ah! Pero el tiempo, ese gran titiritero, me ha dado una niña, un bebé que balbucea galaxias. Y con ella he vuelto a la poesía de la niñez, la que cantaba a la vida, no al ego. Ahora no siento mis versos como rugidos, sino como rosquillas y pan para compartir en la gran mesa abierta que es Carreira. En este recital de poesía, como el Certame Albariza de Artes, palpita el arraigo popular donde se mece la verdadera poesía. Estoy deseando ir, reírme de mis viejos delirios y dejar que las palabras se posen livianas, tejiendo hilos de humo que se pierdan en el aire y hallen su hogar en lo invisible del corazón.