Entro en una red social y ya no sé dónde estoy
07 may 2026 . Actualizado a las 20:47 h.Estoy un poco harto de ser un millennial, parece que no sabemos hacer otra cosa que ser nostálgicos, mirar hacia atrás. El príncipe de Bel-Air, Son Goku y Sabrina en Nochevieja, sí, todo eso está muy bien, pero me gustaría poder tirar hacia delante de vez en cuando. Somos la generación de la historia a la que más le han mercantilizado el pasado en el presente.
Y aún así, lo que haré será quejarme por lo mal que han envejecido las redes sociales. ¿Os acordáis del Facebook de antes? ¿Y del Tuenti? Qué maravilla era aquello. Fotos de viajes, de hijos, de comidas. Fotos descuadradas, fotos con churretones de grasa, mensajes etílicos de madrugada. No sé, personas que no intentaban venderte nada. Textos con faltas no redactados por IAs, —cómo odio los textos de IA, son todos iguales. Igual de malos—.
Entro en una red social y ya no sé dónde estoy. Es una ventana que antes daba al mundo y que ahora da a un escaparate. Ya no hay una foto de tu amigo profundo leyendo junto al mar. Hay un reel explicándote con un imbécil sobreexcitado los diez libros imprescindibles del verano. Las comidas ahora no son chuletones, son experiencias. Y la literatura, pobre literatura, se ha convertido en una sima de ombliguismo y naderías.
«Echo de menos», la oración del millennial. Echo de menos aquella torpeza, cuando éramos menos interesantes pero más de verdad. Quizá el problema no sea lo que hemos perdido, sino lo que hemos aceptado a cambio: una vida narrada antes que vivida, pulida antes que sentida. Quizá no es nostalgia, a lo mejor es que no siempre estuvimos en venta.