Acabo de leer con satisfacción la entrevista de M.?X. Blanco a dos mujeres, jóvenes estudiantes de la Escola Oficial Náutico-Pesqueira de Ribeira y, nada más leerla, me entró un sentimiento de añoranza y pena, por haber nacido tan pronto. Sí; cuando navegaba, no existía la posibilidad de que una mujer fuese siquiera tripulante de un barco mercante y menos de un pesquero.
He tenido la suerte de navegar en algún buque mixto, de carga y pasaje, en el que he podido disfrutar de la presencia de mujeres a bordo. Como oficial náutico, jamás he tenido que asistir a comportamientos inapropiados entre los diferentes sexos. Tan solo puedo constatar la naturalidad y el respeto mutuo en el trato entre hombres y mujeres. ¡Y les estoy hablando de 1966!, cuando la mentalidad machista de la época era alimentada por el supremacismo del adoctrinamiento de entonces.
Como ejemplo de la confusión existente en aquellos tiempos de penumbra, en cuanto a las relaciones entre una mujer y un hombre, recuerdo aquel relato del libro de cuentos románticos Rosas blancas (se lo cogía a mi hermana a hurtadillas, pues no estaba bien visto que los chicos leyesen esas cosas femeninas), en el que, una chica disfrazada de hombre, se hace pasar por un apuesto alumno de náutica de un barco, con la intención de conquistar a un joven oficial del que estaba enamorada… Sucedió que el oficial quedó prendado del joven alumno y, una noche de guardia, no pudo evitar abrazarle y darle un beso. Que se trataba de una chica, al parecer, se enteró inmediatamente después. Ya ven ustedes.
Sin remontarse tan atrás, todavía hoy, al buscar en el diccionario acepciones que definan la fortaleza de la mujer, nos encontramos con símiles desafortunados. Amazona, por ejemplo, lleva parejo el significado de «mujer de ánimo varonil». Afortunadamente, en nuestros días, pocos tabúes persisten. Y la fuerza de las mujeres, en cuanto a su capacidad, resistencia y resiliencia, están fuera de toda duda, sin necesidad de buscar semejanza o parecido con los hombres, animales machos.
Por ello, es un soplo de frescura, escuchar las declaraciones de Iria Gude y Nerea Comojo con su firme voluntad de ocupar los puestos de mando en barcos de cualquier tipo, incluidos los de la satisfactoria, aunque dura, actividad pesquera. Adelante. Vivimos tiempos diferentes, en los que, afortunadamente, las mujeres pueden ser amazonas de la mar, sin necesidad de disfraz alguno. Hembra y macho tan solo tienen el reto de demostrar su capacidad, sin miedo a los relatos de Rosas blancas. Os lo dice un viejo capitán.