Al César lo que es del César

José Vicente Domínguez
José Vicente Domínguez LATITUD 42°-34?, 8 N

RIBEIRA

22 abr 2021 . Actualizado a las 05:05 h.

En una intervención mía como concejal de la corporación de Ribeira, manifestaba mi descontento con los planes de una supuesta mejora urbanística, alegando que no se podía aumentar más el feísmo de la ciudad. Como de costumbre, fue el hábil portavoz del PP quien, en un pleno ordinario, me contestó: «Se non lle gusta o seu pobo, quédese en Santiago». Y, a pesar del exabrupto, ahora pienso que aquella supuesta mejora, tampoco a él le gustaba.

Cuando yo vivía en Santiago, mi peluquero habitual solía leer las páginas de Barbanza y, sobre todo, los asuntos que me concernían como persona política. Recuerdo que, a tenor de la reseña aparecida en La Voz de Galicia, en relación con dicho pleno, José, el agradable y sincero peluquero, me soltó: «Pois a min Ribeira gústame moito». Así que ya ven ustedes; en cuestiones de subjetividad, para gustos se pintan colores. No iba a ser yo quien hiciese ver a José el feísmo de Ribeira. Una cosa es aportar ideas para optimizar las decisiones municipales y otra diferente hablar mal del pueblo que uno representa.

Pienso que, a pesar de los irreversibles daños ocasionados, Ribeira tiene potencial para poder recuperar la belleza que le llevó a ser premiada en dos ocasiones: en 1959, con el primer Premio de Embellecimiento de Pueblos, siendo alcalde Miguel Rodríguez Bautista; y en 1977, con el Premio á Mellora e Coidado do Medio Rural, portando el bastón de mando, mi recordado amigo, Ricardo Pérez Queiruga. Es verdad que ya nadie, al menos a medio plazo, podrá derribar el edifico de la Caixa, junto a algún otro que ensombrecen las siempre bellas casas de la parte primigenia de la ciudad. También va a ser difícil, aunque menos, ordenar todo el frente marítimo portuario, atiborrado de construcciones de servicios, que bien podrían estar en polígonos industriales. Por no hablar de cuanto ladrillo y cemento afean nuestro urbanismo, por mucho que se enmoqueten o pinten de verde los parterres de las escasísimas zonas verdes. En los últimos treinta años, los mandatarios de Ribeira parecieran sufrir de agorafobia o alergia a los espacios amplios y abiertos, y también al fresco verdor de la hierba.

Por eso les hablo del César, pues creo de justicia alabar el buen diseño de la avenida marítima que transcurre entre la rotonda de las Carolinas y el entronque con García Bayón. Bajo mi punto de vista, ¡chapó!, a una obra hecha con buen gusto. Espero que cuando la vea mi antiguo peluquero, vuelva a decirme que a él le gusta mucho Ribeira. Aunque a saber; pues como queda dicho, para gustos se pintan colores.