A cada uno lo suyo

José Vicente Domínguez
José Vicente Domínguez LATITUD 42°-34?, 8 N

RIBEIRA

16 sep 2022 . Actualizado a las 05:05 h.

El levantamiento del empedrado de la Praza do Callao de Palmeira, del que pocos nos acordamos, hizo que alguien con mando en aquella época decidiese ganar méritos regalando la artística fuente que allí había, para que la colocasen en O Rueiro de Ribeira, en donde se halla actualmente.

De parecida manera, aunque basándose en cierto lejano parentesco, el señor Otero Goyanes, Marqués de Revilla, consiguió llevar el escudo nobiliario del señorío de Figueirido de Palmeira, con su famosa sirena, para enseñorear la fachada de su casa solariega ubicada en la Porta do Sol de Ribeira.

Y más recientemente, el grandioso hórreo de seis pies que estaba en la Horta do Cura de Palmeira, en rústica armonía con el palomar todavía existente, apareció en Bamio, saltándose la Lei do Patrimonio de Galicia, previo pago de 300.000 pesetas a no sé quién.

Por último, no sé si hará todavía cinco años, la espigada escultura pétrea que lucía cerca de la rotonda de la autovía que da acceso al desvío hacia Palmeira, fue arrancada con nocturnidad y alevosía, para ser colocada en la rotonda donde confluyen la avenida del gran alcalde Rodríguez Bautista con la rúa Rosalía de Castro. De Ribeira, naturalmente. Para Palmeira se hacía demasiado grande…

Incluso la Santa de Moldes, que en tiempos se consideraba palmeirana (siendo pintada cada año por mi tío abuelo Ventura Palma), y que, por una cuestión de lindes mal defendidos ha perdido su carta de pertenencia al municipio de Ribeira y, por ende, a nuestra parroquia.

Podíamos seguir hablando de otras cosas, como los mármoles y angelitos que embellecían el acceso al altar de la iglesia parroquial y que también desaparecieron por arte de magia monetaria o por el recibo de agradecimiento de estamentos eclesiásticos superiores.

Ya ven ustedes: escudos con sirenas, fuentes con dorados caños de bronce, hórreos y esculturas pétreas de un Neptuno o tal vez efebo que parece acariciar o cabalgar sobre una sirena o un delfín y balaustradas marmóreas con sus angelotes, cambiadas arbitrariamente de propiedad. Es bueno que estas cosas se sepan, pues formaban parte del patrimonio de Palmeira y, cuando menos, su cambio de ubicación debería haber sido consultado con el pueblo.

Y ahora, ¡cuidado! Propongo que se ponga un retén de vigilancia en A Pedra das Cabras, no vaya a ser que cualquier día aparezca en Pedra Pateira.