El club de la Casa do Mar de Fisterra guarda en sus vitrinas un auténtico museo natural y artesanal con objetos llegados de todo el mundo La austera puerta que da entrada al Club de Jubilados de la Casa del Mar de Fisterra no hace presagiar el fabuloso museo que guarda este lugar en las vitrinas que cuelgan de sus paredes. Los tabiques de la sede de la asociación son un auténtico cajón de sastre en el que caben los regalos que miles de viajeros vaciaron de sus alforjas y dejaron para siempre en este lugar. En este particular club se pueden contemplar objetos llegados de países tan distantes como Suráfrica, Senegal, Chile, Australia o México. Junto a un reproducción del faro del municipio, el visitante puede encontrar un mejillón gigante o dentaduras de tiburones.
22 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.«Temos en total 759 obxectos que nos foi regalando a xente. Sobre todo, temos moito relacionado cos barcos», apunta Manuel Castreje Nemiña, presidente de la Casa do Mar. Entre las curiosidades que se guardan en este museo improvisado está una funda realizadas con la piel del pez espada manufacturada en Suráfrica, molinillos de café de los años treinta, corales y estrellas de mar recogidas de las profundidades marinas y una de las primeras sondas eléctricas de los barcos, del año 1963. Pero en el club no sólo hay objetos. Sus miembros también conservan huevos de diversas especies marinas, entre ellos los negruzcos de gaviota, un mejillón gigante de medio metro o dentaduras de un tiburón, de un pez sapo y de un marrajo con sus colmillos afilados. Castreje nunca tuvo la tentación de cobrar por visita: «Aquí ven o que quere». Entre todos los elementos no puede faltar una referencia al mítico faro de Fisterra. Así, se conserva una fiel reproducción artesanal en madera del edificio «que encende a luz cada catro ou cinco segundos».