SANTIAGO GARRIDO CONTRAPUNTO
10 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Se acabó la suerte, la que se daba. Los últimos veranos han sido particularmente desdichados en cuanto a incendios para la Costa da Morte; algunos, desoladores como los meses del estío del 98 en las comarcas de Soneira y Fisterra (imborrable aquella escena del faro de Fisterra en llamas) e incluso el comienzo del invierno de 1999. Parecíamos haber alcanzado una saludable estabilidad con señales religiosas como el hecho de que -resulta increíble- este año prácticamente no ardió en el Pico de Meda de Zas, abanderado de las llamas y los calores. Pero todo tiene un fin. Los incendios de Corme, Xaviña, A Laracha y otros producidos en los últimos días en varias localidades de Muxía nos devuelven a la realidad de una comarca que desde siempre se ha visto desbordada por las llamas. A veces, cierto, por culpa de un viento traidor y poderoso que magnifica una lumbre y la extiende a varios kilómetros a su alrededor.