Soledad Vidal Devesa, la prodigiosa voz de Camelle

La Voz S. G. | CARBALLO

CARBALLO

ANA GARCÍA

Reportaje Cantante aficionada, su talento la lleva por toda la provincia, pero no a la profesionalización, que ya está encauzada hacia la práctica jurídica

06 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?a primera vez que se escucha la voz de Soledad Vidal Devesa la reacción es de sorpresa. ¿Esta cantante, aquí...? A los pocos segundos sigue una escala de emociones que varían según el oyente, aunque casi siempre sirven para quedarse un tanto atónito. Esto fue lo que le pasó a un conocido político de la comarca que el sábado escuchó, por primera vez en su vida, cantar a Sole Vidal en el homenaje a Man, su ex vecino, aprovechando el primer aniversario de su muerte. Su primera canción, el tradicional Alalá das Mariñas , fue francamente demoledora, tal vez hipnótica, sin nada que envidiar a las conocidas versiones de Uxía o a las recogidas (voz y música) en discos de Milladoiro. La otra, un fado, bordeaba la perfección, pero con un acento más propio del Atlántico de la Costa da Morte que de la desembocadura del Tajo. Un tono, digamos, próximo al que emplea su admirada Dulce Pontes, aterciopelado y firme, con una buena escala de altos y bajos que apenas precisan amplificación. Vocación temprana Claro que este político debía de ser de los pocos de la zona que nunca la habían oído cantar. Sole lleva con el canto entre los labios desde muy pequeña; ya con 6 años, cuando vivía en Boiro, donde estaba destinado su padre, profesor, le reconocían sus capacidades, sobre todo cuando se subía a un escenario para actuar en una obra de teatro y de paso entonaba una melodía, cargándose así el hilo de la obra. Recuerda que sus padres querían llevarla a clases de taekwondo, pero ella prefería las notas musicales a las patadas con ritmo. No se arrepiente de la decisión. Fuera de la etapa infantil y juvenil, a Sole empezaron a conocerle sus cualidades por toda la comarca hará unos cinco años, cuando tenía 19. Aunque su nombre ya empezaba a sonar gracias a sus actuaciones en los coros locales, unos amigos la graban en un concierto particular, se difunde la cinta y de repente comienzan a llamarla: para fiestas, para bodas, funerales, entierros, actos de todo tipo. Ha perdido la cuenta de cuántos lleva, y hasta de los lugares. En la zona, todos, y últimamente la reclaman de Lalín o de Santiago. Multiinstrumentista En verano no tiene un fin de semana libre, aunque en invierno su agenda es más liviana. Todo, por afición, por peticiones, con la compañía de su padre, su teclado y su guitarra. Estudió solfeo y hasta séptimo de piano, aprendió con la guitarra de oídas y de vistas, y toca además la gaita, el acordeón y la pandereta. Hace algo más de un año tentó la suerte de Operación Triunfo . Pasó las primeras pruebas, pero se quedó a una de la selección final, quizás un tanto sorprendida de los criterios allí empleados. Tampoco le quitó el sueño. Su vida, aunque pudiera parecer una herejía, no está en la música, sino en la práctica jurídica. Licenciada en Derecho por la Universidade de Santiago, desgrana estos días la partitura de su futuro, en el sentido de decidir a qué oposiciones optar. Sea cual sea, significa contrato a pocos años vista con la disciplina diaria y el trabajo duro (y un poco la suerte) que, de momento, no la harán callar, aunque se marche a vivir a Compostela. Cada fin de semana, cada día de fiesta que la llamen, seguirá cantando. Sus ave marías , la clásica y la más personal; sus alalás , las más de 40 ó 50 melodías de su repertorio, quizás alguna más, adaptadas a cada caso. Poesía a la carta.