Sobre inmigrantes

DOMINGO ALVITE

CARBALLO

BASADO EN DESHECHOS REALES | O |

07 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

CASI 20.000 personas llegaron a Galicia procedentes del extranjero con ganas de buscarse la vida. Eso dice el último estudio de Instituto Nacional de Estadística (INE). A esta gente se la llama inmigrantes. Ahora en Galicia los hemos rebautizado institucional, oficial y cariñosamente como Novos Galegos y se desatan las crisis de identidad. Gallego de nacimiento, emigrado a Cataluña y reemigrado a Chile, regreso a mi país tras 15 años dando «voltas polo mundo adiante» pero resulta que ahora no sé dónde entro. Para ser inmigrante tengo que tener pasaporte de otro país, para ser Novo Galego he de ser hijo de gallegos nacido en el extranjero. Yo tengo pasaporte marrón made in Spain y nací en el Hospital Militar de A Coruña: ni inmigrante ni novo galego . Con estas dos razas tengo algo en común. Quiero ganarme la vida en Galicia haciendo lo que sé. Pero no puedo. Sucede en Galicia que la mayoría de mano de obra calificada, formada en el país, termina por emigrar. En la Universidad de Ferrol los alumnos con las mejores notas en las ingenierías terminan llevándoselos empresas norteamericanas, italianas o alemanas. Pocos llegan a ejercer cerca de su casa. También ocurre en nuestro Antiguo Reino que la mayoría de gallegos educados en el exterior, al regresar para realizarse profesionalmente rara vez lo consiguen: Víctor es un joven de 33 años, casado con una alicantina y padre de una niña. Gallego regresado de Suiza. Hace un lustro que quiere ejercer su profesión de técnico electricista. Los años pasan y las hipotecas pesan. Sobrevive con un pequeño negocio de ropa y cada día cobra más fuerza la idea de venderlo todo y regresar a Suiza. Aquí no ve sitio para él. Vive en un piso propiedad de su madre. ¡Ah! Víctor tampoco sabe si es inmigrante o novo galego . Él dice, con su voz ronca, que la «xente coma ti máis coma min, non somos de ningún sitio». Neguémonos a ser pesimistas. El INE dice que hace una década, los inmigrantes extranjeros en Galicia no alcanzaban las 5.000 personas. La inmigración se ha convertido en un indicador de desarrollo económico. Los países receptores de inmigrantes se identifican como países desarrollados. La consigna podría ser «¡desarrollemos Galicia, enchámola de inmigrantes!», pero eso es demagogia. En realidad necesitamos adaptar inmigrantes para paliar la pérdida de población en nuestro rincón peninsular. En el último censo Galicia perdió el 1,3 por ciento de su población. Pese a esos 20.000 mil nuevos gallegos, seguimos perdiendo población en nuestras aldeas. Los jóvenes preparados en universidades gallegas se van a las capitales estatales en busca de trabajos bien remunerados. Los jóvenes gallegos, preparados en el extranjero regresan a eses países al no encontrar un futuro aquí. Galicia se desarrolla y crece, pero en ese crecimiento seguimos sin tener lugar muchos. Aclaremos una última cosa: los inmigrantes se pueden buscar la vida en Galicia cómo el gallego se la ha buscado, durante un siglo de diáspora, desde Berna hasta Buenos Aires. Seamos educados y démosles la bienvenida. Los Novos Galegos son los hijos de gallegos que regresan a una patria que no conocen. Es justo devolver a estos hijos la oportunidad que Galicia no pudo darle a sus padres. Somos muchos los que no somos ni inmigrantes, ni Novos Galegos, pero que regresamos del extranjero para mancharnos las manos aquí, no nos queremos volver a ir. No queremos ni ayudas ni subvenciones. Somos como el gallego de toda la vida, un emigrante que quiere trabajar. Sólo que ahora hemos emigrado a casa.