El hormigón se adueña del suelo

La Voz E. E. | CEE

CARBALLO

MILLARES

Reportaje | Las nuevas construcciones de la comarca La falta de presupuesto ha hecho que lugares emblemáticos de la Costa da Morte, como el Cabo Fisterra, se resuelvan con soluciones a base de productos económicos

01 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

El lunes se inauguraba en el Cabo Fisterra la primera fase de las obras de mejora del entorno del lugar. Los visitantes que llegan a las cercanías del faro se encontraban con algo poco esperado en un punto caracterizado por la naturaleza salvaje: esa nueva obra se asentaba sobre cientos y cientos de metros cuadrados de firme de hormigón. Desde los aparcamientos de los autobuses y los coches hasta el suelo en torno a la caseta de los recuerdos. Y en la misma línea está previsto que se resuelva la plaza frente al faro. Los visitantes no tendrán dudas sobre el material del que está hecho el firme de Fisterra. El motivo nada tiene que ver con las tendencias estéticas en boga. No se trata de cemento vista. No. La cosa es mucho más prosaica: para la obra del faro casi no hubo presupuesto. Apenas 200.000 euros para adecentar el segundo punto más visitado de Galicia. La pobreza está detrás de otra de las inversiones recientes, en este caso en Corcubión. Se trata de la obra de adecentamiento de la plaza de Castelao. En pleno casco histórico de una las localidades mejor conservadas de la Costa da Morte el protagonista vuelve a ser el mismo: el hormigón. El tono claro del mortero hace pensar a muchos que aquello todavía está en obras. Pero no es así. Las obras acabaron hace tiempo. Sirvieron para acabar con las grietas del firme en mal estado -como en el caso del faro de Fisterra- que había antes en su lugar, pero no para mejorar la estética del conjunto. Pero si no hay presupuesto para enlosar, habrá que contentarse con cemento. Por distintos motivos se han escuchado críticas últimamente a otras dos actuaciones. En Cabana la casi terminada senda peatonal, tiene poco de senda y mucho de suelo puro y duro: en la desembocadura del Anllóns el caminante pasa por baldosas semiurbanas. Menos suerte tiene el que pasea por Reira (Camariñas): los coches al pasar le garantizan que acabará la ruta cubierto de polvo. Incluso los autos se suben a la senda.