Hace dos décadas, el actual alcalde camariñán, fotógrafo, se topó con la prohibición de sacar fotos en la iglesia, una guerra que acabó con la marcha del sacerdote
15 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Ahora que Padre Casares ha devuelto a los curas rurales a un puesto en el interés general perdido hace tiempo es buen momento para recuperar una historia de un párroco ocurrida hace cerca de 20 años. Seguro que cuando ven en la pantalla al buenazo del Casares algún vecino de Camariñas vuelve la vista atrás y evoca los tiempos de Antonio Velo Fernández al frente de la parroquia. Fue cura en Camariñas y durante su paso por el municipio se llegaron a producir unos hechos que dejaría boquiabiertos a los mismísimos guionistas de la serie producida por Voz Audiovisual.
Hubo encierros vecinales en la iglesia, manifestaciones en Santiago y vecinos durmiendo en la catedral y, según quién cuente la historia, hasta disparos y conspiraciones de corte masónico. Rouco y Ricardo Blázquez llegaron a intervenir en un berenjenal que acabó con la marcha del cura, no sin dar guerra.
La famosa película Don Camilo , aquella que narraba el enfrentamiento entre un cura conservador -Don Camilo- y un alcalde comunista -Peppone- tiene similitudes con el caso camariñán, que tal vez hubiera sido merecedor de otra película de no menor éxito.
Los protagonistas de la historia son el cura Antonio Velo -y en parte también Ramón Beiro (ya fallecido), párroco de A Ponte do Porto-, el actual alcalde, Manuel Valeriano Alonso de León -entonces fotógrafo y militante socialista- y la corporación local con Bautista Santos, Marisol Soneira y Antonio Jesús Alonso, entre otros.
Cuenta Alonso de León que todo empezó por el cementerio. Quiso el cura ampliarlo y compró terrenos y el Ayuntamiento montó, por su cuenta, uno municipal. Dice el regidor que el cura tenía además intereses urbanísticos y dice que en venganza por el camposanto municipal la tomó con la corporación. Como no podía hacer daño a ninguno de los miembros, cuenta, la tomó con él, impidiéndole trabajar como fotógrafo dentro de las iglesias.
Llegó a haber denuncias y un juicio en A Coruña en el que el juez, cuenta el alcalde, emitió la que podría ser la sentencia más rápida de la historia de España, absolviendo al fotógrafo el mismo día en que se celebró el juicio. Absolución tuvo, pero siguió sin poder entrar en la iglesia.
El pueblo se movilizó en favor de Alonso de León y hubo encierros en la iglesia y hasta en la catedral de Santiago, donde cientos de vecinos pasaron varias noches. «Mentres puxemos cartos no cepillo, deixáronnos quedar, cando deixamos de facelo mandaron a policía para botarnos», recuerda el regidor con humor.
Armisticio
La presión llegó a tal punto que se llegó a firmar un armisticio con Ricardo Blázquez delante: el cura se iba de la parroquia y los vecinos deponían las armas.
Antonio Velo dejó en 1991 Camariñas para jubilarse, aunque volvería aún a Coristanco a ejercer como cura. Ayer, en su retiro en Santiago, contaba una versión con tintes de historia de bandoleros y bien distinta a la del alcalde: «Hicieron todo lo que pudieron para aplastar al adversario, fue una verdadera persecución, como los comunistas en el Este de Europa», recuerda.
A Marisol Soneira («una persona sin conocimientos, pero con gran tesón») le atribuye una sociedad secreta para torpedear actos de otros partidos. Eran los primeros años 80, un tiempo de izquierdas en el que inlcuso él, en el 82, confiesa profundamente arrepentido, votó a Felipe González.
La guerra empezó poco después de esos años. Cuenta que la chispa fue una reparación de la iglesia que él hizo y que pretendió que pagaran los vecinos a razón de 2.000 pesetas por casa. «A Pichurri le dije que estaba ganando dinero con las fotos de bodas y bautizos que hacía en la iglesia y que si no cooperaba lo excluiría de la iglesia», recuerda. Y lo hizo.
Tras aquello, cuenta, sufrió pinchazos en las ruedas del coche, que además le rallaron, se encontraba con la iglesia silicona en las cerraduras y otras parecidas. En esa época, dice, sufrió «el primer acto terrorista». Tiempo después tendría lugar el segundo y último. Se refiere a una comunión que acabó en rebumbio e insultos con varios vecinos y ediles socialistas protestando por la censura a Alonso de León. «Pichurri era la cara visible de la mafia secreta», dice el sacerdote. En lo que coincide su versión es en que hubo un juicio con absolución el mismo día. «Un juez nefasto», asegura, porque en su opinión, «el paradero de ellos tenía que ser la cárcel». Como el párroco no cedía, siguió la guerra. «Mandaron gente a tomar la catedral», cuenta, y acusa a los socialistas de intentar colgarle sin éxito dos violaciones, «una de una niña muy pequeñita, muy desarrollada, eso sí». Dice que lo intentaron con todo lo que pudieron: «Esa gente son fanáticos, toman la política como una religión», critica sorprendentemente.
Cuenta que una vez, saliendo de la capilla de la Virxe do Monte, solo, vio llegar a Alonso de León con otras dos personas: «Tenían cara de asesinos», dice. «Metí la llave de la capilla, que era grande, en un bolsillo de la cazadora y con eso fingí que llevaba una pistola, al llegar a su lado les dije: hagan el favor de despejar el camino. Pichurri cayó a los tojos y después me denunciaron», cuenta.
La cosa llegaría incluso a los disparos, por lo menos a uno que, en teoría, atravesó el cristal de su ventana y se estrelló contra la pared. «Salí corriendo a la calle y allí vi a la Soneira». Cuando se le pregunta si cree que la diputada intentó asesinarlo no lo afirma. «Pero con el grupo ese andaba», dice.
El cura acabó saliendo por orden arzobispal para evitar más problemas. Aún escribiría Velo un libro, La corrupción del socialismo , claro recuerdo de su paso por Camariñas. Los únicos disparos que volvieron a oírse fueron los de la cámara de Pichurri. En la iglesia, claro.