Ayer tuvimos una visita curiosa en Cee. Treinta y cuatro escolares del colegio O Foxo, en el municipio de A Estrada, llegaron a la localidad para pasar el día junto a Concha Blanco y empaparse de su ambiente. De dónde es, qué la inspira, dónde ha crecido, qué lugares la han marcado. La iniciativa formaba parte de un programa denominado Os autores na súa terra. Con este título, excuso explicarles la filosofía: van a donde viven los escritores que leen y sobre los que trabajan en clase. Se meten en el doble fondo de las páginas, el que no se ve.
Fueron recibidos por el alcalde, Ramón Vigo , además de la protagonista, Concha . En el salón de plenos del Concello, ni más ni menos. Allí realizaron lo que denominaron Rolda de rosquillas. Los chavales le preguntaron a la autora cuantas cuestiones quisieron. Una especie de rueda de prensa. Después, se fueron a otra rolda , por Cee. A la biblioteca, primero, sin salir del edificio. Y al museo Fernando Blanco , a continuación. Darío Areas les explicó la vida y legado del filántropo y además los acompañó a ver el jardín y la capilla de la fundación, arriba, junto al instituto.
No acabó ahí la cosa, y eso que ya no estaba nada mal. En autobús se desplazaron hasta la playa fisterrana de Langosteira, un arenal que aparece con frecuencia en las obras de la autora, cuyo número total, ustedes me van a disculpar, ya me sobrepasa. La cantidad total de libros de Concha y el de premios de Rocío Leira es algo que supera mi retentiva, cada vez más menguante, y eso que ya nunca fue nada del otro mundo. De Langosteira, a Lires, la patria local de Concha. Su casa, el entorno, la desembocadura del Castro, la escuela en la que estudió. Siempre pensé que Lires es una de esas parroquias que influyen notablemente en el carácter de sus habitantes (podría decirles ocho o nueve más de la Costa da Morte), por muchos motivos que no vienen ahora al caso. Este es tema de otro día y otro lugar. Seguramente de otra página.
Acabada la tarde, los chavales regresaron a sus casas. Cada uno, con un libro de la escritora, y felices (lo intuyo). No se acaba aquí la experiencia. Más adelante, será Concha la que viaje hasta A Estrada para compartir otra experiencia con ellos.
Es interesante esta idea. Incluso, si las posibilidades presupuestarias lo permitiesen, analizaría la experimentación con Japón. Por ejemplo, con Asaka , ese que ha traducido a Rosalía . El de Sayonara ríos, sayonara fontes.
Recuerdo vagamente un espacio televisivo llamado El poeta en su voz , en el que los autores daban la palabra a sus versos y elegían los lugares en los que aquellos habían sido creados. O, más recientemente, la impecable Esta es mi tierra . Disfruté mucho con el relato de Ángel González , grande entre los grandes de la literatura hispana contemporánea, hablando de su tierra ovetense y de la estadounidense a la que llegó por cuatro días y se le fue en ella media vida. González es de esos poetas que pinchan en el lector sin que este se entere, como una inyección con anestesia. Escribió, por ejemplo, unas Breves acotaciones para una biografía : «Cuando tengas dinero regálame un anillo,/ cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,/ cuando no sepas qué hacer vente conmigo,/ pero luego no digas que no sabes lo que haces./ Haces haces de leña en las mañanas/ y se te vuelven flores en los brazos./ Yo te sostengo asida por los pétalos,/ como te muevas te arrancaré el aroma. /Pero ya te lo dije:/ cuando quieras marcharte esta es la puerta:/ se llama Ángel y conduce al llanto».
Y así.
No es este un lugar para lo poesía, ya lo sé, pero es que a veces se me escapa la de los demás, como una filtración de agua o como la lluvia que traspasa los vidrios, una cosa, esta, que nunca vi clara (¿no sería por la masilla?). De todos modos, vamos a seguir hablando de belleza. De armonía. A veces los lectores (el que tengo) me reprocha (en realidad, lo hizo una vez) que en esta página aparecen modelos femeninas, y casi ningún chico. Es incorrecto. Primero, porque por mera circunstancia estadística, tenemos más mozas que mozos. Y segundo, porque los que hay han aparecido cuando brillaron en Cibeles o en la Pontus Veteris, como los dos de Muxía, además vecinos de calle.
Y hoy tenemos a uno más. Carlos Angeriz Bello , de Carballo, 19 años, un chaval. Es la imagen de la marca ourensana Staats. Pasen (www.staats.es) y vean. Acaba de terminar las fotos del catálogo de la nueva temporada, que ayer aún no estaban colgadas, pero no deberían tardar. Se metió en el mundo de la moda casi de casualidad, tras un desfile del Centro Comercial Bergantiños-Haley, y ahí está. A ver qué pasa.
Con lo que voy a decir, igual una de mis compañeras me mata por el sacrilegio, y hasta puede que lo haga una legión de mujeres (bueno, no, esto ya no es posible), pero yo creo que este chico tiene un aire a Paul Newman . En la expresión, en la mirada, en algo.
No sé.