Cada cierto tiempo, los visones saltan de las granjas a la actualidad, como acaba de ocurrir en Abegondo con la suelta de 14.000 ejemplares, y como antes ya pasó en numerosos puntos de Galicia. También en la comarca: la última vez fue hace cinco años, cuando se abrieron las jaulas de una explotación situada en Monte Xalo, entre Carral y Cerceda.
Más allá de estos hechos singulares, la verdadera plaga de visones en la Costa da Morte se está produciendo desde hace muy pocos años y de modo silencioso. Las personas que mejor lo detectan son los cazadores. Primero, porque recorren cada palmo de los montes entrenando a los perros o cazando (acaba de abrirse la temporada). Y segundo, porque los visiones atacan parte de su botín de caza, sobre todo los conejos, que este año son abundantes (por lo que parece, se han librado de la mixomatosis, tras muchas temporada sufriendo la peste) y también las liebres, aunque, por su escasez, terminarán convirtiéndose en una especie de culto. Son muy pocos los terrenos cinegéticamente ordenados (tecores, llamados antes cotos) que presuman de su abundancia. El hábitat de ahora no es el de antes, y los campos de avena, centeno o trigo han dado paso al abandono de las leiras o a la plantación intensiva de maíz.
Es en estos ambientes, y siempre cerca de ríos o regatos, por donde los visiones van marcando sus fronteras. De los veinte tecores en los que se divide la zona, solo en siete (Alcaián, Camariñas, Sofán, Rus, Ponteceso, Razo y Cances), no precisamente los más extensos, indicaron que no han apreciado signos de la presencia de este mamífero carnívoro, que, si puede, también se adentra en los gallineros. Últimamente se han producido algunos ataques en San Cremenzo de Pazos, pero lo más probable es que se trate de comadrejas (la popular y temida denociña ), que otros sin embargo citan como martas e incluso jinetas.
El presidente de la venatoria de Bergantiños, Lito Vázquez, asegura que los visiones «están moi estendidos», y lo mismo ocurre en Vimianzo, cuyo presidente, Manuel Blanco, recuerda que sí se pueden cazar, al contrario de lo que ocurre con las jinetas, que están protegidas. En Zas, José Calo señala que «algún si que hai», pero tampoco se han visto en demasía, lo mismo que en Muxía. En Coristanco, explica José María Álvarez Villar, se han detectado en las proximidades del Anllóns.
En Montemaior el problema es notorio, «hai moitísimos», señala el responsable del tecor, Ramón Bértoa. En la vecina Cerceda la cantidad es inferior, pero también hay constancia de esta presencia. «Tremendo, unha cantidade enorme», asegura Francisco Marcote Senlle, presidente de la sociedad fisterrana. «Aféctanos moito á caza», añade. En la frontera con Corcubión pasa lo mismo, explica Ramón Prado, al frente de una sociedad de la que también forma parte Cee. «Por Lires tamén se ven», añade este cazador.
En Malpica, al presidente del coto San Miro, Rogelio Pereira, le llegan noticias de que se han detectado «cinco ou seis, pero está claro que hai máis, una opinión con la que, en términos generales, coinciden sus colegas de Dumbría y un miembro de la junta directiva de Laxe.
En lo que todos están de acuerdo es que los que abundan son jabalíes, y por toda la comarca. Ya se han realizado numerosas batidas, buena parte de ellas pedidas por daños en las cosechas. El período hábil se abrió el penúltimo día de agosto, pero algunas sociedades han decidido esperar a los meses del otoño para salir en grupos.