Señalización, obras y tráfico obligan a realizar los viajes con calma
29 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Hubo un tiempo en el que la AC-552 fue una carretera comarcal, en la que se podía circular a velocidades moderadas, pero holgadas, siempre sin exceder el máximo legal, con rectas para adelantar y zonas en las que había que ser mucho más cauto. Un conductor podía ponerse en Fisterra, desde Carballo, en una hora y unos pocos minutos. Hoy, esos minutos extra, dependiendo de que el día vaya más o menos bonito, pueden ser incluso treinta.
Uno de los motivos es la nueva señalización horizontal. Nadie puede estar en contra de las medidas sensatas tendentes a reducir riesgos y aumentar la seguridad. Como cuando O Rempenín (Riobó-Cabana) era un punto negro: cambiaron la curva, y dejo de serlo. O En Bieite (Ferreira-Coristanco), donde había otra curva que era cementerio de alerones y tapacubos. Arreglaron el peralte, colocaron barreras, y ahora en aquel hueco crecen abeneiros. O en Bustelo (Salgueiros-Dumbría), donde había otra curva nefasta: mejoraron la calzada y hoy es una más.
Claro que otra cosa son los mares de líneas blancas, paralelas que a veces parece que se cruzan. Ya despistó lo suyo en su día la subida hacia Fisterra por A Lagoa, cuando el carril de aceleración muere por dos veces al poco de nacer y algunos vehículos que se reincorporan frenan cuando no van precisamente lentos. O las nuevas zonas de incorporación que provocan titubeos entre quienes no están acostumbrados a esas áreas. En Baio, por ejemplo: ante las dudas, hay quien espera a que pasen todos los vehículos para meterse y evitar complicaciones.
La obras son buenas, salvo cuando hay dos o tres a escasos kilómetros y los semáforos se toman su tiempo. Es otra manera de ver detalles del paisaje que hasta ahora pasaban desapercibidos. A veces, con los tractores delante y la imposibilidad de aparcar, aumenta el goce de contemplar el entorno, salvo cuando adelanta una bici por el arcén, circunstancia que provoca perplejidad.
Como la seguridad es lo esencial, puede que en un tiempo no lejano se produzcan avances. Aún queda alguna zona con líneas discontinuas que habría que corregir hasta la continuidad absoluta. En caso de dudas, una sucesión kilométrica de bandas sonoras animaría sin duda a moderar aún más marcha. Todo serían ventajas, incluso para mejorar el consumo del vehículo. ¿Y qué tal señales de 50 hasta el faro de Fisterra?
Hay que estudiarlo con calma.
ENTRE CARBALLO Y FISTERRA