La corrupción al son del cuarteto de cámara

CARBALLO

02 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Una cuarta parte de los alcaldes de la Costa da Morte están imputados en la operación Orquesta. Otros se libraron por los pelos y alguno más estará haciendo ofrezas a su santo de cabecera para que Lago Louro no encuentre trapalladas en su gestión. Son 28, entre regidores, concejales, técnicos, intermediarios y funcionarios, los que están señalados por el juez corcubionés por andar enredando con las contrataciones de obras. El último en caer en la red fue el de Corcubión. En este caso, Francisco Lema, no se ve envuelto en la investigación por las verbenas y la música. Son las flores y los jardines la causa de su perdición, por lo menos de momento. Ya son cuatro, pues, los regidores de la Orquesta, lo que sería un cuarteto de cámara de la corrupción de la Costa da Morte.

La instrucción del sumario se alarga. Iba a durar unos seis meses, pero el montón de folios sigue creciendo e incluso no se descarta que haya más ediles que tengan que pasar por el difícil trance de tener que contarle a la autoridad judicial los supuestos amaños y favores hechos desde los despachos municipales, una música que se viene escuchando desde siempre en la comarca pero que, con el avance y la consolidación de la democracia, empieza a sonar desafinada.

Es posible que la operación Orquesta se diluya en el tiempo, que la mayoría de los actuales imputados continúen al frente de las alcaldías por decisión de los votantes o que las autoridades judiciales no encuentren pruebas suficientes para condenarlos. Honra a Lema Fuentes el anuncio de que si el juez encuentra algo punible presentará su dimisión.

Sin embargo, ya nada será igual. La mayor parte de los munícipes tendrán claro que no podrán seguir haciendo amaños con el dinero de todos. En cualquier caso, si no escarmientan, han de tener claro que la transparencia tendrá que presidir las contrataciones y las selecciones de personal de los concellos, que son instituciones para servir a los ciudadanos, no espacios en los que los regidores asienten sus particulares repúblicas bananeras.