Esta crisis afecta a todo el mundo. Y, también, a la asociación Neria, tanto en el aspecto económico como en el aspecto de la gobernanza. Además de las presuntas presiones -¿políticas y/o económicas?- que por parte de la Diputación al parecer existen, no pudieron pagar a tiempo a los proveedores, retrasando el abono de salarios a empleados y sufriendo un recargo en las cuotas de la Seguridad Social, retrasos que pueden poner en peligro futuras subvenciones, nada distinto por otra parte a lo que están sufriendo muchas empresas en estos tiempos de dificultades, con deudores que no pagan y acreedores que no cobran.
Después de haber cumplido 20 años y desde la obligada dimisión del anterior presidente, hace meses que actúa uno en funciones, poniéndose de manifiesto en la última reunión de la directiva que en el aspecto económico resulta evidente que persisten los coletazos de la gestión del anterior, que se movió por terrenos de arenas movedizas, acusándose ahora al Banco Gallego de abocar a la entidad a la bancarrota a raíz de unos trámites que duraron ¡año y medio!, para la consecución de un crédito de entre 200.000 y 400.000 euros, gestiones que resultaron finalmente fallidas, amenazando con pedir responsabilidades pecuniarias.
Para la operación se ofrecía como garantía un edificio para hipotecar -¿el C3M?- valorándolo en 800.000 euros. Me pregunto si este edificio reúne las condiciones legales necesarias como para ofrecerlo como respaldo. O, ¿no estará sujeto a algún tipo de condición vinculada a la subvención recibida para su construcción? Entendiendo además que tanto por la ubicación como por las condiciones del edificio y su destino, hoy en día tendría muy difícil colocación o venta en el mercado por la valoración indicada.
¿Cuál es la raíz del problema? En la gestión de Neria hay luces y sombras y un balance desigual, aunque en términos generales podría ser positivo, pero es imprescindible el aire fresco de una catarsis, hacer un diagnóstico y un ejercicio crítico, una profunda reflexión y ver los puntos fuertes dando por bueno lo que se hizo bien, los aciertos y los desaciertos valorando lo que se hizo mal para evitarlo, replanteando proyectos...
Ahora parece que no encuentran un candidato que quiera hacerse cargo de la presidencia, problema en el que podría estar detrás el partido político que gobierna la Diputación con ánimo de barrer a la actual directiva, y de encadenar a Neria para atarle las manos y evitar reivindicaciones como la de la autovía o colocar a sus propios peones en la asociación. Y, los actuales directivos, para arreglar el problema, o para seguir en sus puestos, que también, quieren trocar la fórmula de elección y elegirlo por orden alfabético de los concellos de forma rotatoria, con una duración del mandato de entre seis meses y un año para evitar, dice la crónica, «de que se politice» la entidad, en una inesperada metamorfosis. Como si la política no estuviese en el propio circuito vascular de Neria o en su ADN desde su nacimiento.
O, ¿no se designaron presidencias y controlaron puestos directivos durante estos veinte años, políticamente? ¿Cuál o quién es el problema real en la entidad?, nos preguntamos.