CEn las enseñanzas especializadas, como es el caso de la Formación Profesional, toda acción educativa debe estar contextualizada, esto es, en relación muy directa con su entorno productivo, aprovechando las virtualidades de formación que puede aportar el medio socioeconómico.
Además, esa misma acción educativa tiene que servir para el desarrollo local, procurando la inserción de los jóvenes formados en su propio territorio con el que mantienen, a priori, un arraigado sentimiento de pertenencia y de querencia, siempre que desde la práctica docente se induzca hacia ello.
En la coyuntura económica actual, el fomento del emprendimiento se manifiesta más necesario que nunca, pues con unas tasas de desempleo juvenil superiores al 50 % parece que no queda otra alternativa que el autoempleo a partir de los recursos locales.
La formación en el medio rural debe tener un importante desarrollo alrededor de la idea de empresa. Si en otras épocas la aspiración de los obreros sin cualificación era aprender un oficio y en las generaciones siguientes acceder a la universidad, hoy se revela más necesario que los jóvenes que viven en el medio rural aprendan las claves para llevar una empresa, para convertir los medios de producción y las estructuras agrarias en pequeñas unidades empresariales.
La formación para el futuro del mundo rural no puede diseñarse en abstracto, ni desde el pensamiento único, ni desde el rigor de los contenidos universales. Debe pensarse desde la realidad local y desde la perspectiva de la persona destinataria.
Tradicionalmente la formación más que para fijar población en el propio territorio ha servido para emigrar, para buscarse la vida más allá del horizonte local. Hoy por las circunstancias y por la nueva percepción de las potencialidades locales, el entorno inmediato puede ser un campo para el emprendimiento, entendiendo por emprender no solo la puesta en marcha de una empresa, sino una mejora de lo existente para generar empleo y cohesión social. Y en el ámbito agroalimentario, las posibilidades para el empredimiento van más allá de la mera producción tradicional; hay todavía mucho campo para la innovación en los aspectos de la transformación y de la comercialización.
Toca, pues, desde la escuela, alentar actitudes que contribuyan a poner en valor lo local, con la convicción de que el éxito es fruto de la firmeza en el trabajo y de la perseverancia. Y una vez convencidos de ello, incidir en el triángulo del éxito: una idea, bastante olfato y mucho coraje. Y como contrapunto, no perder de vista el triángulo del fracaso: muchas ideas, bastante olfato, pero cero coraje.