El escenario del carnaval distorsionará en los próximos días la vida cotidiana. La realidad pasará a esconderse y comenzará la imaginación con sus mitos y antimitos que desfilarán con ejemplar incongruencia por calles y plazas de nuestro entorno emitiendo interesantes mensajes con un amplio abanico de actuaciones y risas, intentando poner la vida al revés en los días en el que el dios Momo abre sus brazos y nos visita.
Las comparsas de Fisterra y Cee y algunas otras localidades de la Costa da Morte, por haber «disfrutado» en la fiesta de la operación Orquesta, ejercerán de ciudadanos responsables y atacarán con sus letras denunciando y provocando empatía y buenas sensaciones, materializando los principales objetivos de este entroido: las críticas y secuencias verbales para purificar, entre otras cosas, la enorme corrupción que mancha a partidos políticos y a sus dirigentes y demás sobornadores y convertirlos en ceniza. Las agrupaciones entremezclarán coplas y picaresca, sin ambages, aplicándose con mayor o menor acierto con críticas mordaces, sarcásticas y satíricas dedicadas a políticos sin escrúpulos, a la corrupción generalizada y la hipocresía social, con duras denuncias que aplaudirán los mismos a los que van dirigidas, riéndose sin querer entender ni pensar que la cosa va en serio y con ellos, y que deberían tomar nota para evitar la mofa, la denuncia y la vergüenza ajena.
Momo es el dios carnal y festeiro, pagano y aparente, señor de los próximos días, sustituto de las viejas religiones reveladas y monoteístas, el cristianismo y el islam, religiones de un Dios único y de salvación, del poder político terrenal la primera y de la moral social la segunda. Hace tiempo que con el abandono de los fieles de las iglesias se dieron los pasos hacia una nueva religión de síntesis y secularizada, la religión del laicismo con el mito del Progreso, nacida por las circunstancias coyunturales y económicas y convertida en la nueva religión estatal: la de la corrupción, en la que el dios es el dinero y los sacerdotes son los políticos y demás civiles que administran y atesoran en pocas manos la riqueza del mundo occidental, para hacer desaparecer a las clases medias y oprimir a los obreros y parados.
Podemos gritar más para no escuchar, pero la recogida de sobres sin pagar a Hacienda es el nuevo ídolo del altar mayor. Aquí no hay barro, hay billetes de 500 euros contantes y sonantes y la corrupción política es el nuevo oro negro al que adorar: la falsedad documental, la prevaricación, el cohecho, el blanqueo de capitales, los fraudes a la Agencia Tributaria, los delitos de guante blanco, la permisividad, el tráfico de influencias, las negociaciones prohibidas a autoridades y funcionarios públicos, las ilegalidades en licencias y permisos, la malversación de caudales públicos, las mordidas...
¿Quién da más?