Iniciativa gallega e ingredientes asturianos. La combinación perfecta para alumbrar un vodka que quiere conquistar los mejores paladares. Ha sido bautizado como Taxus y ya está en el mercado la primera partida de 2.000 botellas.
El ingenio y arrojo son del gallego Celestino Pose Velasco (Vimianzo, 1986), un ingeniero agrícola que optó por dejar las explotaciones agrarias en Soneira para probar suerte en el negocio de las bebidas destiladas, pero de creación y sello propio. Se enamoró de la reserva Oscos-Eo y arriesgó montando en el polígono asturiano de Vegadeo su propia destilería, donde trabaja con su compañera.
El camino no ha sido fácil. El propio Celestino Pose reconoce que desde que gestó la idea, la maduró y hasta que superó toda la burocracia y la tramitación han pasado ya alrededor de dos años. Hace un mes comenzó el embotellado. La primera partida del vodka ya se consume en Asturias, parte de Galicia y empieza a situarse en otras comunidades. Su primera creación la ha bautizado como Taxus, que significa tejo en latín, un árbol muy longevo, que puede llegar a superar los 1.500 años.
En esta arriesgada apuesta (ha invertido sus ahorros y también se ha atrevido con un crédito) nunca ha dejado al margen la importancia de garantizar la calidad: «Tenía la idea de convertir el paisaje en un vodka de calidad y creo, por lo que dicen cocteleros de renombre, como Juan Valls o Pablo Mosquera, que lo he conseguido. Se bebe solo».
Como buen empresario se reserva algunos de los secretos de la bebida que continúa promocionando -todavía esta semana- por el norte peninsular. No quiere concretar de dónde procede el trigo que emplea, si bien destaca que es seleccionado y de calidad. El agua es el otro ingrediente esencial: «Es inmejorable, de un manantial de Os Teixois (Taramundi)». ¿Y qué marca la diferencia? Aunque se guarda los detalles, Pose confiesa que desde que elabora el vodka deja siempre una espera de unas tres semanas.
Después de sacar a la venta la primera partida, la segunda ya está embotellada; otras 2.000 botellas. A través de empresas de distribución ha colocado las primeras en territorio asturiano, en A Mariña lucense y también en establecimientos de la Costa da Morte.
Continúa explorando nuevos mercados en Galicia y, aunque todavía está dando los primeros pasos, ya se plantea probar suerte a partir de mayo con la exportación en América. Además de dedicar horas y esfuerzo a superar la compleja tramitación para lograr todas las licencias y permisos, Pose aprovechó este período para visitar destilerías en Inglaterra y también en Francia.
Sus aspiraciones no paran ahí. No descarta en el plazo aproximado de un año producir su propio trigo seleccionado. Asegura que es viable hacerlo en la comarca de Los Oscos, en plena reserva de la biosfera, donde podría cosechar unos 1.600 kilos al año.
Este emprendedor al que Asturias le ha dado una nueva oportunidad se ha marcado más objetivos. Uno de ellos es lograr embotellar unas 40.000 botellas de su propio vodka en este 2015 que acabamos de estrenar.
No es la primera vez, ni será la última, que nace una bebida fruto del trabajo de empresarios de la Costa da Morte. Hace unos tres años conocíamos la ginebra Gin Sea, creada por Manuel Barrientos Monteagudo, de A Senra (Salgueiros-Dumbría). Y, más recientemente, Ovidio Castro aprovechó el nombre de su pueblo para bautizar un vino, Ézaro, que además del sabor tiene dos toque de arte: la fotografía de la etiqueta es del fotógrafo Marcos Rodríguez, y el poema es de María Canosa. Los vinos son dos, realmente: un blanco del Ribeiro y un tinto Mencía.
El ingeniero agrícola ha bautizado la bebida como «Taxus»