La plantilla larachesa admite el mal ambiente, pero niega un boicot
26 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.«Ao final, todo estoupou». Así resume José Manuel Ceide, Canito, el fin de la relación entre el club que preside, el Laracha, y su ya extécnico, Carlos Brizzola. La versión oficial del club: no se cumplieron los objetivos marcados. La realidad es que la relación entre el entrenador y la plantilla estaba rota. Al menos esa es la versión que sale del vestuario.
«O equipo estaba perdendo puntos de forma tonta. O partido do domingo ante o Betanzos foi un deles», señala Canito, que concluye diciendo que le desea lo mejor al exentrenador larachés. Pero el último encuentro solo fue el fin de un cúmulo de circunstancias que conducirían a esta situación. Desde el vestuario larachés se asegura que Brizzola habría tenido conflictos con la mayor parte de los jugadores debido a su «carácter complicado», llegando a trasladar asuntos personales al ámbito futbolístico, tal y como se afirma desde el equipo.
Pese al mal ambiente, los jugadores niegan que hayan provocado el cese de Brizzola. Para ello, utilizan el ejemplo del partido ante el Estudiantil. El técnico argentino sería cesado si perdían, pero el Laracha empató a ceros -con un hombre menos- en uno de los mejores partidos del año. Desde el vestuario señalan que el entrenador tuvo «comportamientos poco éticos» con varios hombres de la plantilla, y estos conflictos llegaron hasta la directiva.
Tanto directiva como jugadores afirman que no se debieron perder puntos en algunos de los encuentros claves del campeonato, como ante el Atlético Arteixo o el Betanzos el pasado domingo. Durante este último partido, los jugadores llegaron a desobedecer las órdenes de su técnico y poder en duda sus tácticas en el transcurso de la segunda parte, tal y como recogen los allí presentes. El propio Canito no desmiente estos hechos: «Armouse. Ía a explotar e, ao final, todo explotou». Este mismo lunes se acordó el cese de Brizzola en una reunión entre la directiva y varios jugadores de la plantilla.
El técnico argentino, que acordó ayer mismo los términos de su despido con el presidente del Laracha, ha preferido no realizar valoraciones por el momento, aunque señala que mantenía una relación cordial con la directiva y califica al vestuario como «muy permeable».