Un cuarto de siglo de Internet

Santiago Garrido Rial
Santi Garrido CRÓNICA

CARBALLO

27 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

A veces escuchamos los lamentos de las personas de edad avanzada sobre que cada vez les cuesta más recordar años y datos, de que se les escapan episodios de su vida y de la de los demás que, en su conjunto, serían muy útiles a la hora de reconstruir lo que somos. Aunque sean simples granos de enormes graneros, pero granos son.

Ese problema también nos pasa a los que aún no hemos avanzado tanto en la edad. Y es una pena, porque también serviría para atar historias recientes que dentro de unos años tendrán su valor.

Creo que fue por el otoño del 92, hace por tanto 25 años, cuando en la Facultade de Física de la USC trabajaban ya con lo que se acabaría llamando Internet. Por aquel momento, casi sin sitios a los que visitar, todo en ciernes, ignorando absolutamente todo lo que estaba por llegar. Una tarde soleada, los futuros profesores Jorge Mira y Pepe Santos Reyes, ambos de Baio, me invitaron a uno de los laboratorios a ponerme delante de una pantalla en la que podía buscar cualquier cosa, y aparecerían datos. ¡Milagro! No podía ser verdad, y de hecho aquella tarde no apareció en la pantalla nada de nada. Fue una cuestión técnica, porque tanto la jornada anterior como las siguientes sí que se localizaba la información. Escasa, primitiva, de lo poco que se iba volcando en el mundo, pero que crecía cada día.

Son esos momentos en los que asistes a la que probablemente es la mayor revolución tecnológica en un siglo, pero no te das cuenta de lo que hasta visto o te han explicado. El supuesto privilegio de interactuar en la futura red de redes se quedó aquella tarde en una pantalla que no iba, y a lo que no das mayor importancia.

Menos de un año más tarde, en el 93, justamente la Facultade de Física creó la primera web gallega, una de las primeras 130 del mundo, y que estaba en http://zfis.usc.es. De repente, todo vino demasiado rápido, con un crecimiento exponencial. A finales del 94, un coristanqués, Alfonso Xavier Canosa, creaba en la universidad galesa de Aberystwyth la efímera primera página en gallego de la historia, ya irrecuperable, según me confirmó no hace mucho el responsable informático de este centro. Tampoco él tuvo consciencia de estar participando en la historia. De hecho, incluso ahora estos primeros momentos nos parecen tan cercanos y casuales que no valoramos en su medida. Tal vez nuestros hijos o nietos sí lo hagan, y entonces sabrán que dos doctorandos de Baio fueron de los primeros del mundo en trabajar con la tecnología que marcaría el mundo, o que uno de Soutullo llevó su idioma cuando solo había aportaciones sueltas por aquí y por allá. De momento, todo depende de la cada vez más débil memoria.