Esclerosis múltiple

Guadalupe Vázquez Formoso LABIRINTO NAS SOMBRAS

CARBALLO

Rebeca y Miguel, una pareja afectada por la enfermedad
Rebeca y Miguel, una pareja afectada por la enfermedad .

02 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Era una tarde serena, de brisa suave. En el columpio, la niña se balanceaba, alegre, sin sospechar lo que le aguardaba en el futuro: una lucha en la que le tocaría medirse de por vida frente a un rival con nombre y apellido: Esclerosis Múltiple (EM).

Hace unos días (el pasado 18 de diciembre) se celebró en España el día de esta enfermedad, con el fin de poner de manifiesto la situación de los afectados por esta dolencia crónica.

Casualmente, me ha sido encomendado el prólogo para un texto que transita por estas vivencias de personas habitadas por la esclerosis múltiple. Y con esto quiero comenzar el año. Son personas que conocen Jericó, esa superación diaria de obstáculos. Los muros de la enfermedad son jugarretas que impone el cuerpo, la realidad de una cruel ladrona que roba movilidad, tranquilidad e independencia, pues hace que el cableado que nos mueve a todos funcione a veces como debe, sí, pero otras parpadee amenazante. Es un buitre que te ronda, impaciente.

Múltiples síntomas. Múltiples luchas diarias. Múltiples problemas que requieren no pocas veces de una fuerza mental colosal. Mi padre también sabía de ello.

Pero esa ladrona desalmada que es la EM no es quien de robar la felicidad de los protagonistas de este libro. Ni tampoco su coraje, su fuerza, su espíritu de guerreros y, con todo ello, nuestro más sincero respeto y admiración.

La niña ya no está. Pero el columpio, aunque ya no tiene a quien balancear, atesora esa risa que la adversidad no conseguirá apagar.

Un abrazo solidario.