La reserva también es para vivir los indios

Juan Ventura Lado Alvela
J. V. Lado CRÓNICA CIUDADANA

FISTERRA

07 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

El aventurero valenciano Olfo Bosé, que está recorriendo la costa peninsular en bicicleta, se posicionaba la semana pasada en contra de que el Concello de Fisterra prohibiese las fiestas improvisadas y diarias en Mar de Fóra, porque sería mejor potenciarlas como «una exaltación de la vida». Seguramente lo hacía por la sensación de una noche y con el desconocimiento de que eso ha traído consigo acampadas ilegales, porquería para cargar varios tractores durante años y un entorno mágico como este convertido en coto particular por unos pocos, incluso con episodios de violencia.

Las tiendas no han vuelto, al menos de momento de manera extendida, pero sí las fogatas nocturnas, más difíciles de controlar, aunque en el Concello se lo hayan tomado casi como una afrenta personal y afirmen que no van a bajar la guardia en todo el verano.

También en el cabo hay ya vigilancia, pero ayer mismo por la tarde se volvieron a repetir las típicas escenas motivadas porque, no se sabe muy bien quien, un día decidió que la mejor manera de acabar el Camino era quemar su ropa vieja -con el tiempo ya ha empezado a valer casi cualquier desperdicio- y convertir un espacio único, ultraprotegido y simbólico para una parte grande de la humanidad en una sucesión de conatos de incendio.

Poco a poco van surgiendo personajes que empiezan a darse cuenta, Xosé Manuel Barros con Mar de Fábula en Camelle es un ejemplo pero hay muchos más: pescadores, senderistas, surfistas,... que intentan hacernos entender al resto que la belleza de la Costa da Morte es también fragilidad y que, o se mantiene, o la gallina de los huevos de oro turística sale volando y en lugar de levantar nuestra choza en un paraíso lo hacemos en una pocilga.

Hay incluso políticos que advierten del peligro cuando tienen oportunidad, como el propio alcalde de Fisterra, que algo debe saber del tema cuando el hotel de su familia no para de crecer en buena reputación. Es preciso proteger, regular, concienciar, organizar,... saber lo que se quiere y como llegar a ello.

Seguramente el camino no sea el que se intuye en algunos redactores de la última Lei do Solo, a los que las vacas en el rural poco menos que le estorban, y tampoco el de los que vienen un fin de semana al año y creen que aquí no hacen falta carreteras porque así se le estropea la exclusividad de la pista a la playa que solo ellos conocen.

Los senderos de la vida moderna y la economía global indican que las de ganar las van a tener los que se distingan, así que no se trata de crear una reserva y cerrarla para que nadie la vea, sino de mostrarla orgulloso a los de fuera, pero darle condiciones para que vivan los indios.