El gaiteiro sin dedos

Pablo Quintán Roca / Juan Carlos Martínez

VIMIANZO

Ana García

El vimiancés Suso Trillo vuelve a tocar con sus manos mutiladas gracias al artesano Narciso Siota, que le fabricó un punteiro a medida

06 jun 2013 . Actualizado a las 18:51 h.

«¿Conoces a algún carpintero al que no le falte un dedo?», pregunta retóricamente Narciso Siota, maestro retirado, lexicólogo, escritor y muy activo fabricante de gaitas, la afición a la que dedica sus días. Y sí, es cierto, las herramientas de la carpintería están afiladas, giran a miles de revoluciones por minuto y son peligrosas. Narciso, ligado al mundo de la madera desde hace años, conoció a muchos carpinteros a los que las sierras de cinta, o las circulares, o las tupís se les habían llevado más de una falange. Pero hubo uno en particular que despertó sus ganas de ayudar, que lo desbordan. Ese carpintero, natural de Vimianzo, se llama Suso Espasandín Trillo y le faltan parte de dos dedos. Lo especial del caso es que Suso también era gaiteiro. Sus compañeros le llaman Trillo. Pero también le llaman «o gaiteiro sen dedos».

«Tuve dos accidentes», dice. «El primero, hará ya unos dieciséis años; el segundo, hace cinco». Después de la primera mutilación, Suso pensó: «¡Adiós gaita!». Venía tocando desde los trece años. «Para mí, más que una afición es una pasión. No hay cosa que más satisfacción me dé». La frustración de dejar de tocar le duró largo tiempo. Hasta que un día apareció por su taller un artesano que traía varios punteiros para barnizar. Antes los probó, y entonces se produjo el encuentro. «Sentí sonar música de gaita -dice Suso Trillo- y enseguida me acerqué adonde estaba». Era Narciso. «Hablé con él y le dije que yo, en mis buenos años, tocaba la gaita, pero que ahora ya no podía hacerlo... y le enseñé las manos».

«Esto te lo arreglo yo», le dijo Narciso. «Te voy a hacer un punteiro a medida con el que vas a volver a tocar». Y así fue. A los pocos días el artesano filántropo se presentó en la carpintería donde trabaja Trillo con un punteiro torneado pero sin agujeros. Con las manos estropeadas del gaiteiro bien puestas en su sitio, el tornero marcó a conciencia. Luego, en su taller, perforar y afinar. «Los huecos -cuenta el músico- no estaban en línea recta, como es normal, sino a la distancia adecuada para cada dedo». Probó, y funcionó. Suso Trillo vuelve a tocar la gaita a todo tren, participa sin fallo en las foliadas con los amigos, forma parte de un grupo y da clases a chavales aficionados. «Vuelvo a estar completo -dice- y se lo debo al ingenio de Narciso; nunca podré agradecérselo bastante».