Los casos más llamativos que investigan los juzgados cuestionan las estadísticas sobre seguridad en la provincia
06 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Lugo es, ya se sabe porque lo repite insistentemente la autoridad política, una provincia muy segura, sosegada, tranquila, de gentes dadas a la paz franciscana. Viene siendo Lugo, según la autoridad a la que, con generosidad propia de lucenses, se le considera competente, una tierra carente de violencia, libre de la servidumbre del delito, de la incómoda sombra de los amigos de lo ajeno. Lugo sería todo eso, qué bien, si no hubiera, como parece que hay, miserables explotadores de mujeres (trama de los burdeles), bandas de asaltantes de domicilios, tironeros que envían al hospital a sus víctimas, funcionarios desleales y así y más. La autoridad competente repite una y otra vez el mantra de la seguridad y acaba por creérselo. Ocurre ahora y ocurrió antes, ayer mismo, cuando un subdelegado del Gobierno se vio obligado a dimitir mientras repasaba las estadísticas que demuestran, según parece, que Lugo es la provincia tranquila.
«Domina en el suelo profunda quietud» escribió Espronceda pensando, tal vez, en el Lugo que pinta la autoridad cada vez que hay una de tantas reuniones de tantas juntas locales de seguridad como existen provincia adelante. Lugo fue siempre según sus gobernadores civiles, esos a los que desde hace tiempo llaman subdelegados del Gobierno, una capital tranquila, una provincia sin mayores incidencias. Las amplias operaciones para desentrañar la trama de los burdeles, el caso de las supuestas anulaciones de sanciones de tráfico, el negocio de robo de maquinaria pesada, la investigación sobre carnés de conducir expedidos a algunos ciudadanos chinos son, según se ve, la mejor muestra de una provincia en la que no ocurre nada. Y eso sin contar los pisos desvalijados, las jubiladas lesionadas por tironeros, la violencia que empieza a asomar asociada a la inmigración.
En esto de la provincia segura insistía Jesús Otero , en el tiempo en que fue subdelegado del Gobierno, e insiste también José Vázquez Portomeñe , actual inquilino del casón de Armanyá.
Lo de la seguridad no es sólo cosa de subdelegados. Al alcalde de Lugo, José López Orozco , tampoco le cuesta exponer con convencimiento cuán tranquila es la ciudad que preside. Será, claro, por el servicio de Policía Local que ha conseguido organizar en sus más de diez años al frente del Ayuntamiento. Bajo la dirección de los concejales Francisco Fernández Liñares , José Ángel González Corredoira y José Rábade la Policía Local de Lugo ha evolucionado de modo notable a lo largo de la última década. Ahora, sin mentir, puede asumir como lema aquello que dijo Marx (el serio, es decir, el cómico): mi querida señora, partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria. Lo creen algunos sindicatos, lo denuncia con frecuencia el PP por boca de Enrique Rozas y lo lamentan los muchos y competentes profesionales que tiene el cuerpo. Algunos opinan que en este asunto Orozco no se mueve con libertad; también hay quien cree que la política laboral, señaladamente la que aplica en la Policía Local, puede explotarle en las manos con riesgo para su futuro político. A lo mejor no es así, pero hay quien lo cree y con más intensidad después de la reciente sentencia contra el Ayuntamiento por vulneración de derechos fundamentales en la persona de un agente y la del TSXG sobre la relación de puestos de trabajo del 2006.
Tranquilidad, qué duda cabe, es la palabra clave en la política lucense. Cacharro sabía mucho de eso. Por eso, para evitar conflictos con los funcionarios, fue pionero en aplicar la jornada semanal de 35 horas en la Diputación. Orozco también busca un poco de tranquilidad en el campo laboral y, quizá por eso, ha decidido imitar a Cacharro y ya ha dicho sí, aún de modo condicional, a implantar la jornada de 35 horas en el Ayuntamiento. Se ve que es una fórmula para enfrentarse la crisis, para levantar la economía a base de más esfuerzo, una forma solidaria de combatir codo con codo con los que en la empresa privada sudan la camiseta cada día. Y claro, además de una subida 0,3%, a los funcionarios municipales de Lugo, en un año (2010) con presupuesto de crisis (las inversiones caerán casi un 44%) les mejoran el premio de jubilación, la becas y se mantiene el reparto de 550.000 euros.
La crisis, ya lo dijo pocos días atrás un socialista, en Lugo se nota menos porque hay muchos funcionarios. Sí, Lugo, ya se ve, es una provincia segura incluso en plena crisis económica, según la autoridad quizá acogida al amparo de Marx (el serio, es decir, el cómico) que alguna vez preguntó: «A quién va usted a creer? ¿A mí o a sus propios ojos?».