El accidente sufrido por una lucense en Santo Domingo pone de manifiesto la necesidad de nuevas políticas rehabilitadoras
04 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Lugo, el viejo Lugo, se cae y en algunas instituciones se mantiene la monserga de la peatonalización, el conservacionismo urbanístico a ultranza y la defensa de la virginidad del subsuelo. La ruina inmobiliaria se abate sobre la cabeza de una mujer y en el Ayuntamiento temen que el traslado del centro médico de la plaza de Ferrol dañe el futuro improbable del recinto amurallado. Y parece justificado el temor, si Lugo, el viejo Lugo, tiene que seguir cayéndose sobre los peatones. En los grupos municipales que, con optimismo injustificado, se declaran de izquierda cualquier alusión a la construcción de subterráneos suena a herejía, huele a chamusquina conservadora y especulación. La ruina hiriente deja un rastro de sangre en la calle, que no será el único, porque se caerá más, y la izquierda aún no se explica por qué los lucenses huyen del casco histórico, del viejo Lugo que se desploma sobre sus cabezas.
La mujer a la que le cayó encima la ruina de una casa de Santo Domingo seguramente tiene claro el porqué. No habrá rehabilitación inmobiliaria en la escala necesaria mientras el plan del casco histórica sea lo que es, en tanto el residente dentro de murallas no tenga derecho a tener una plaza de garaje vinculada a su vivienda, mientras Lugo no se mire en espejos urbanísticos que tiene muy cerca. La ruina inmobiliaria no es un problema estético, es un problema de seguridad pública; es una mujer herida en el corazón del viejo Lugo, del Lugo que se cae.
Tiene 77 años y el jueves paseaba por la plaza de Santo Domingo. Y entonces el cielo se desplomó sobre su cabeza. Los cristales de una casa en ruina hirieron a la lucense que disfrutaba de su ciudad bajo el cálido sol de julio. El Ayuntamiento, según parece, ya había impuesto multas a los propietarios del edificio. ¿Qué le importa la multa a la mujer herida? Nadie le evitará el sobresalto, nadie borrará el recuerdo de un día en el que la ruina urbanística, la ineptitud administrativa, la incompetencia política pudo costarle la vida. La política urbanística para el casco histórico y su área de influencia fracasó, y el fracaso son tantos edificios en ruinas, tantas multas inútiles, tantas vallas que son ya restos arqueológicos. Es un fracaso mal disimulado a cuenta del contribuyente, con inversiones multimillonarias de fondos públicos, para rehabilitar los edificios de A Tinería; un fracaso con tributo de sangre sobre el pavimento de Santo Domingo.
El pleno rechazó el pasado lunes una propuesta del PP para construir un subterráneo en San Marcos, para sacar el tráfico rodado del centro histórico hasta San Fernando y a la vez ganar plazas de aparcamiento. Quizá no sea ésta la solución, pero es evidente que tampoco lo es la política de terraza y jardinera, que inició un alcalde, García Díez (PP), propenso al ecologista de salón, y continúa otro, López Orozco (PSOE), que ejerce un gobierno difuso.
Lugo, sí, tiene un urbanismo indeciso, una diseño impreciso y un planeamiento mutante. No es de ahora. El urbanismo lucense (el de la capital y el otro) está bajo sospecha y sometido a la lupa de fiscales y jueces, a merced de una izquierda borrosa y de una derecha perseguida por su propia historia. El fiscal superior de Galicia ordena al de Lugo que tome cartas en el asunto en el caso de la urbanización O Garañón y la presidenta de la asociación O Lodeiro de Viveiro, Teresa Aguirre , explica en la ciudad amurallada cómo ella y sus vecinos se encontraron un día con que sobre sus pisos pesaba (pesa) una orden de derribo. Inseguridad también con respecto al Plan Xeral de Ordenación Municipal de Lugo que va camino de la aprobación definitiva. ¿Es cierto lo que dicen algunas asociaciones de fincas que entran y salen del ámbito urbanizable? ¿Hay algo de verdad en terrenos que son lo que no eran cuando el PXOM fue público? ¿Volverá a reeditarse en algún lugar del municipio el escándalo histórico (PGOU de 1991) de la Ronda do Carme? Hay tantas preguntas a estas alturas, tantos interrogantes en el PXOM que el Bloque quiere un debate amplio y otoñal, y no breve y veraniego. Paz Abraira ve «sospeitosos» algunos perfiles del plan.
El urbanismo difuso es propio de un tiempo de cultura confusa, de supermercado y todo a cien. El urbanismo confuso, inundable y sospechoso se da mucho en ciudades que dejan que su casco histórico se caiga sobre la cabeza de sus ciudadanos, que marca con sangre en el pavimento la ruina múltiple e interminable. Una vez, un arquitecto que ejercía de concejal de Urbanismo quiso otra cosa y acabó por cambiar de ciudad. Víctor Pérez López de Gamarra sabía por Camus que la estupidez insiste siempre.