Estrellado con los postes

M. Pichel LUGO / LA VOZ

CDLUGO

Luismi ha chutado al larguero en los tres últimos partidos del Lugo

29 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Los palos, el larguero, se han convertido en el principal enemigo del fútbol de Luismi Gracia en las pasadas jornadas. El interior diestro ha estrellado el balón en el poste en los tres últimos encuentros del Lugo. A eso se suma una más en el primer encuentro de liga. Se lo toma con ironía: «Casi vamos a tener que pedirle a la Federación que haga las porterías más grandes».

El extremeño ha marcado cuatro tantos hasta el momento. Ahora, recuperada la titularidad, se le resiste el quinto, y no será porque no lo haya intentado. Todo lo contrario. «No hay que obsesionarse», asegura.

Ante el Montañeros, fue el primero de la serie. Pero el equipo ganó. Siguió hace dos jornadas con el Castilla. Le llegó el balón a la cabeza y su testarazo pegó en la cruceta, saliendo despedido fuera del campo. El más vistoso de los tres, por la dificultad del remate, a la media vuelta y sin casi ángulo, cerca de la línea de fondo, el de anteayer contra el Tenerife. El larguero quedó temblando. «Isma sacó el córner raso, y el balón me llegó a pierna cambiada. Era complicado darle», asegura.

Pase de gol

Al menos, antes de esa jugada que habría podido suponer un merecido 2-0 para los locales, Luismi había participado en la acción colectiva que supuso el 1-0. Él recibió, de nuevo de pies de Isma, y le colocó a Belencoso casi medio gol en la testa. «La verdad es que fue un gol muy bonito, en una jugada de equipo -recuerda-. En ese momento pensábamos que todo podía ser más fácil de cómo al final sucedió». Un detalle de que el equipo se estaba divirtiendo sobre el césped del Ángel Carro: «Es así. Cuando todo sale, los partidos son acoso y derribo. La pena es que a veces le pegas mal y entra, y otras van al palo. Aunque nos tenemos que quedar con las ocasiones que tuvimos».

Incluso pudo conseguir la victoria en el tramo final, si no llega a ser por los reflejos de Sergio Aragoneses. «La dejó Belencoso -relata-. Y lo único que podía hacer era tirarme en plancha. Él estuvo muy atento y salió muy rápido».