El Lugo no pudo alargar el efecto revitalizador del triunfo ante el Mirandés con algún punto en Soria. Nuevamente, estructura similar: prólogo con personalidad, creación de ocasiones, desperdiciar estas y recibir varapalos. Los lucenses han sido incapaces de remontar en sentido estricto un partido. Sí fueron quien de nivelar en Gijón con una actuación colectiva magnífica (donde sí se impuso el próximo rival) y en Las Palmas gracias a un portero de élite. Asimismo, muestran su dificultad por anotar si no es balón a parado. Así, los rojiblancos solo han marcado en tres ocasiones de jugada común, mientras que los otros cinco fueron fruto de balón parado, que si bien es mérito extraordinario, no resulta suficiente. En la amplitud de recursos y alternativas reside la virtud para la permanencia, reto alcanzable por potencial y bagaje. Ahora, llega un oponente como el Murcia, quinto en zona de play off tras dos victorias consecutivas y un balance positivo de goles anotados/encajados (trece frente a nueve). Los pimentoneros cayeron en Huelva y Soria, como los gallegos. El encuentro arriba con la baja de Pablo Álvarez, quien por lesión o expulsión no consigue tener una continuidad que implora el equipo. Se deberán reforzar los ajustes en defensa, donde Manuel Pavón está sufriendo en velocidad (véase Huesca o Numancia), quizá fruto del estilo ofensivo; y donde a veces se roza la inconsciencia en los comienzos en área propia. El club ha demostrado ser paciente, y este, el mejor contexto para ahuyentar miedos, como la falta de gol de una promesa como Fran Sol, al que le penaliza haber escalado dos categorías.