Toca reflexión

Murillo

CDLUGO

Más que un aviso a navegantes: en una competición tan exigente como la Liga Adelante, cualquier experimento te puede costar caro. La debacle de ayer del Lugo en Montilivi ante el segundo clasificado, el Girona, el segundo equipo más goleador, tiene unos motivos y unas causas muy claras. Como principio inequívoco del 4-0 surgen unas ausencias obligadas (De Coz) y otras evitables (Óscar Díaz y Rubén Durán), que el técnico lucense tuvo a bien ordenar. Y algo resultó evidente: entre los ausentes y los presentes hay una gran diferencia. Incluso el 4-1-4-1 de salida, con Belfortti de líbero, tampoco funcionó en la contención y menos en la posesión. La banda derecha lucense fue una aténtica autopista por la que entraron a placer los locales hasta saciar sus ansias con el 2-0. Pero lo más grave consistió en la continua pérdida de balones en la salida del cuero desde atrás, que le proporcionaron al Girona infinidad de oportunidades con su presión sostenida. El Lugo apenas pudo salir de su parcela al principio, Aislado arriba Airam, solo Pablo Álvarez pudo a veces conectar con el punta lucense. Sin esa conexión, tampoco Pita salió de su ostracismo. Pero la actuación global del Lugo fue caótica. Primero, por actitud. El Girona actuó con dos velocidades más. Para colmo, con una pareja de centrales que parecían flanes. Ni la sustitución de Tena por Fran Pérez dejó indicios de mejoría. Y arriba se nos marchita Iago. O se pone las pilas ya, o el tren de la progresión le dejará en tierra. Algo quedó claro: para competir tienes que rendir al cien por cien. Quédense con esta reflexión como autocrítica.