Fútbol de salón, sin puntilla

Murillo EN ROJIBLANCO

CDLUGO

07 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Todos habían avisado: el partido de Valdebebas, con un Castilla colista, era trampa. Y lo fue. Máxime, cuando el filial salió con la lección aprendida: robar cuanto más arriba, mejor, salir con rápidos contragolpes en desplazamientos a las bandas y concluir siempre con remate. La posesión para el Lugo, la eficacia para el Castilla. Ahí le ganó la partida Toril a Quique, y le buscó las cosquillas por su flanco más débil: el derecho que ocupaba un desafortunado y vulnerable Víctor Díaz, desasistido de la ayuda de su par y en inferioridad. Por ahí descosió el filial a la defensa lucense, que volvió a naufragar con salidas defectuosas del balón y despistes monumentales. El fútbol de salón lo ponía el Lugo, pero le faltaba el último pase o el remate. Le faltaba chispa. El Castilla le ganó la partida por la velocidad de sus extremos y puntas. Los de Setién adelantaron, quizás, demasiado la última línea. Asumieron ese riesgo, que los muchachos de Toril no desaprovecharon para contragolpear con superioridad numérica. La salida de Sandaza se retrasó demasiado. El Lugo ganó en profundidad y remate, y suyo fue un disparo al poste. También Iván Pérez estrelló otro balón en la escuadra en libre directo. Pero no llegó el gol que metiese a los lucenses en el partido. El dominio del último cuarto fue aplastante para los de Setién, pero ineficaz. La batalla la ganó el colista en el primer tiempo, adaptándose al guión que le brindó su rival, demasiado lento, reiterativo, sin opciones a la sorpresa. Sobre todo, si falta la puntilla.