Decía Quique Setién en la rueda de prensa posterior a la derrota del Lugo ante el Real Madrid Castilla que «lo que ha pasado, entraba dentro de lo normal». No le faltaba razón al técnico santanderino, pues una derrota oportuna ayuda a poner los pies en la tierra y devolver al grupo a la realidad. Algo más de medio centenar de seguidores, cifra que seguramente hubiera sido superior de no estar en fiestas patronales, nos acercamos hasta el Alfredo Di Stéfano con claros síntomas de optimismo. Se visitaba al colista de la Liga Adelante y el conjunto rojiblanco venía de una buena racha, dejando muy buenas prestaciones fuera del Anxo Carro. Algunos aficionados, los más eufóricos, viendo los resultados que se estaban dando en los otros campos, mencionaban la posibilidad de acabar la jornada muy arriba, en segunda posición. Un inicio que los lucenses no se hubieran imaginado ni en sus mejores sueños. Pero el partido puso a todo el mundo en su sitio y dejó claro el objetivo del CD Lugo: la permanencia, otro año más, en la División de plata del fútbol español. Lo que venga a mayores, será bienvenido. Todos sabemos que esto es muy largo y que cualquier pequeña relajación se puede pagar muy cara ante la gran igualdad que impera en esta liga. Tres partidos en siete días, entre ellos la eliminatoria de Copa del Rey, avista en el horizonte el equipo de Setién ante rivales de envergadura como el Córdoba y el sólido líder de la categoría, el Recreativo de Huelva. Duros compromisos, pero otra oportunidad para demostrar que la situación de este Lugo no es fruto de la casualidad.