Nadie va a discutirle al Lugo su incuestionable estado de moda en la Liga Adelante, cumplida la décima jornada. Ni tampoco la unanimidad mediática nacional donde se ensalza su filosofía de juego y resultados, como equipo revelación, más allá del escenario del partido de turno. Si acaso, Setién, haciendo uso de su proverbial sentido autocrítico, cuestiona el excesivo repliegue de sus hombres en el segundo tiempo del Colombino, donde el Decano le remontó al equipo rojiblanco un 0-3. Incluso la prensa onubense habla sin rubor de un empate heroico (?). Para el Recreativo la botella acabó medio llena, y para los lucenses medio vacía. Y esto sí que es milagroso, a pesar de la pájara del segundo tiempo: abrir un debate en torno a un empate que, al final, pareció favorecer más al líder, que jugaba en su campo, donde vio cortada una racha de victorias que le habían aupado a ese puesto de privilegio, y donde las obligaciones se transmutaron al rival, que ni estaba ni contaba a priori para la victoria. La realidad es que hubo un tiempo para cada equipo, que el Lugo estuvo tan cerca del sorpresivo triunfo que el empate le resultó amargo. Lógico. El efecto psicológico es opuesto, dada la marcha del marcador. Pero, al final, hay que valorar el punto como un éxito parcial, si se quiere, pero éxito al fin y a la postre. Y llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿Cuál es el techo de este Lugo, sumido en una carrera ascendente en el último lustro, donde está pulverizando registros a gogó? Algo está claro: el equipo lucense tiene un potencial incrementado en esta temporada de medio campo hacia arriba. Su parte más débil está en la última línea, donde los porteros ofrecen garantías superiores a sus compañeros de atrás. Si Setién es capaz de equilibrar tácticamente al equipo (cuando lo logró llegaron los mejores resultados), de dar con esa tecla mágica de cerrar mejor los espacios con repliegues más rápidos y despliegues veloces, el Lugo está llamado a ser un serio candidato a todo. Y que nadie se me escandalice. Hay mimbres para soñar, sin caer en falsas euforias. Tampoco se pueden desdeñar altibajos, que llegarán y ofrecerán derrotas. Pero sí existe un milagro palpable: el Lugo ha abierto un debate en la cumbre. Porque está de moda, y no se siente inferior a nadie, y es competitivo al más alto nivel. ¿Hasta cuándo?