En poco más de un mes, hemos pasado de un estado de euforia a otro de depresión. De aquel Lugo que se gustaba y deleitaba hasta escalar el segundo puesto, hemos caído en las Antípodas. El Hércules (su técnico) ya lo había anunciado: le iba a presionar la salida del balón a los lucenses para desactivar su juego creativo. Dicho y hecho. Y eso que los de Setién comenzaron jugando como los ángeles: por las bandas y centrando desde la línea de fondo. Pero, ¡oh desgracia! , como siempre, faltaba el remate certero. Por eso, Falcón tuvo una tarde plácida, porque apenas le exigieron. Solo Sandaza (otra vez el único delantero con mayúsculas) desestabilizó a toda la zaga alicantina. El Lugo movió bien el cuero, pero casi nunca finalizó las jugadas con algún remate serio. Lo contrario, atrás. Cada contraataque visitante era un poema. Les entraban por dentro y por fuera. Hasta Pita se sumó al desaguisado defensivo, regalando los dos primeros córneres. Rafa, el sustituto de Seoane, tocó más balones que nadie, pero lejos del santiagués. Desaparecido y sustituido Pita, nadie pudo con la manija. Ni el gol de penalti de Manu hizo pensar en la remontada. Estaba más cerca el 1-3. Y así fue. El Lugo, deshilachado y en picado, ha entrado en un profundo bache. Los refuerzos, si llegan, tráiganlos pensando en conservar la categoría. Cuanto antes.