El limbo es el lugar, según el cristianismo, al que iban las almas de los niños que no fueron bautizados, una especie de lugar neutro, impreciso, equidistante del infierno y de la deseada salvación. Un sí pero no delimitado por ese espacio considerado borde límite para lo bueno y para lo malo. En otro limbo, en este caso deportivo, se encuentra asentado el Lugo, en el cual no puede asegurar con certeza que esté salvado matemáticamente del infierno del descenso ni olvidar por completo la gloria deportiva del play off. Parece mentira que después de los resultados negativos de las últimas semanas siga estando a tan sólo 4 puntos. El último tropezón en Alcorcón poco cambió el panorama. Enfrentándose dos de los equipos menos realizadores de la competición, en un terreno de juego incómodo y contra un rival experto en manejar con maestría las artes de la destrucción del juego, la marrullería y el saber meter barro a los partidos, el encuentro respondió exactamente a las expectativas, y se convirtió en un ejercicio de heroicidad de los que aguantaron por completo semejante oda al antifútbol delante de la televisión. El desenlace final de la temporada tiene bastantes similitudes con el de la anterior. Un colchón de puntos que da tranquilidad pero con retardo en zanjar la salvación y una errática trayectoria como visitante que anula de cuajo cualquier posibilidad de apuntar a la parte alta de la tabla. Un limbo en toda regla, el mismo en el que se encuentra el castigado Fran Sandaza. En un entorno tranquilo y escaso en polémicas, el curioso caso del delantero toledano agita la actualidad del conjunto lucense como pocos en los últimos tiempos. Sin entrar en una convocatoria desde principios de marzo, cualquiera puede darse cuenta que algo extradeportivo tiene que haber detrás del asunto y que no tiene mucha pinta de que se arregle en lo que queda. La rueda de prensa que ofreció el delantero la pasada semana podía haber sido un buen momento para poner algo de luz sobre el asunto, tan locuaz y expresivo como habitualmente es en las redes sociales. Pero fuera de la palabrería vacía del que sabe que tiene que evitar incendios para asegurarse un contrato donde sea la temporada que viene, poco más aclaró sobre el choque de egos de los últimos meses con su jefe. Una buena oportunidad que también se fue al limbo.