Ingenio

Carlos Melchor DESDE LA GRADA

CDLUGO

24 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Despedida y cierre de la temporada 2013-14 de la Liga Adelante tras el esperpéntico partido disputado el pasado domingo en Las Palmas que nos deparó el ascenso del Córdoba. Con 1-0 para los canarios y escasos dos minutos por jugar, cientos de mal llamados aficionados locales saltaban desde la grada para tomar posiciones para la celebración antes de hora. El colegiado, con buen criterio, paró el partido durante diez minutos con el fin de que el club local tomase cartas en el restablecimiento de la normalidad. Con escenas más típicas de países tercermundistas en los que el caos y la anarquía son moneda común, jugadores y presidente intentando calmar a la jauría de animales sueltos en el recinto deportivo y cuerpos de seguridad protegiendo la cancha de juego, sucedió lo inevitable: gol en la reanudación del Córdoba que le daba el ascenso. Carreras hacia los vestuarios, invasión de campo y graves disturbios entre borrachos de tres al cuarto que se confundieron de after, fueron el acto final para un sainete sin parangón en las últimas décadas de nuestro fútbol: los propios seguidores locales dinamitan el sueño de su equipo. El jugador número 12 mutado en una suerte de verdugo. Un Córdoba que a 10 jornadas del final coqueteaba con los puestos de descenso, tres puntos por debajo del Lugo, que por aquellos tiempos vivía momentos dulces con la victoria en casa ante el Mallorca. Cualquiera que considerara al conjunto andaluz aspirante real al ascenso sería tachado de loco o demente. Una competición igualada como no se había visto nunca, en la que apenas ningún equipo fue capaz de ganar dos partidos seguidos y con unas diferencias en la tabla prácticamente inexistentes. Ante semejante escenario se abre el debate: ¿bajó el nivel con respecto a otras temporadas o el incremento de la capacidad competitiva de muchos equipos hizo que la categoría se igualara? Quizás una mezcla de todo un poco sea la explicación. Por un lado, la debilidad económica que suele acuciar a los recién descendidos les impide mantener plantillas terroríficas como las de aquel Dépor del 2011. Las grandes figuras que marcan diferencias en la categoría son presa fácil de equipos de la zona media de Primera, igualando aún más el nivel medio de las plantillas. Y como la necesidad agudiza el ingenio, exprimir al 120 por ciento una plantilla de menos nombre compensa la falta de talento con lo que cada punto conquistado es cuestión de sangre, sudor y lágrimas.