Al mejor Lugo de la temporada sigue faltándole un hervor a domicilio, su asignatura pendiente de cada una de las tres últimas campañas, y máxime en los feudos de los colistas y ya no digamos nada si parlan catalá. Cierto es que el equipo lucense se adelantó con un gol de Toni y que esa alegría se trocó en decepción inmediata con la prodigiosa réplica de Cristian en una volea impresionante desde fuera del área al saque de un córner. El Sabadell sacó petróleo de la estrategia, porque aprovechó la salida híbrida de los lucenses en el segundo período para transformar un penalti por mano supuesta de Pavón. Por cierto, sorprendió la salida inicial de un Pavón siempre discutible por sus despistes colosales en lugar del seguro Israel. Del 0 a 1 se pasó al 2 a 1, porque los locales fueron más constantes en su esfuerzos, ganaron los balones divididos y, sobre todo, en la anticipación. Solo con eso superaron a su rival, dormido a medias entre la abulia de un errático Pita (capitaneó todas las pérdidas importantes del equipo), la vulnerabilidad de Manu y Dalmau y los despistes de Pavón. Eso lo aprovechó el Sabadell para mandar en el marcador, y encomendarse al árbitro y a Nauzet la última media hora, donde los lucenses merecieron el empate, como mínimo, si no la victoria. El Lugo volcó sus ataques por su banda izquierda, con Manu y, sobre todo, Toni al mando de los centros precisos para los remates de Iriome y Caballero. Entre la madera y Nauzet impidieron lo que parecía inevitable: una nueva remontada lucense. Con todo, al equipo de Setién, que acabó jugando con dos arietes con Luis Fernández, le faltó lucidez los últimos cinco minutos. Volvió a las andadas con los equipos de abajo y volvió a ofrecer su peor imagen, salvo el último tramo del partido. Tampoco merece este club sufrir su peor crisis institucional en el mejor momento deportivo de su historia, por la torpeza de unos políticos impresentables, las dudosas ambiciones y soluciones del aspirante sin exponer un plan diáfano y convincente, mientras el personal prefiere lo bueno conocido que lo mejor por conocer. Lugo y el Lugo no pueden permitirse el lujo de poner en riesgo su actual estatus. Sería imperdonable. Por eso, es necesario que todos se sienten a negociar la mejor solución para el club.