El alcalde realizó la ofrenda floral ante la Cruz de los Olvidados y visitó las tumbas de Molina, Ferrín y Casás El día de Todos los Santos colapsó el tráfico en los alrededores de los principales cementerios de la ciudad, especialmente en el de San Amaro, invadido durante toda la jornada de ayer por miles de ciudadanos que aprovecharon la festividad para recordar a sus difuntos. Aunque el día propiamente consagrado a este hecho en el calendario es el de hoy, las floristerías coruñesas hicieron ayer su particular agosto. Hasta 1.500 pesetas llegó a costar la docena de claveles, la flor más abundante en los camposantos.
02 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.El alcalde coruñés, Francisco Vázquez, tampoco faltó a su tradicional cita. A las doce de la mañana, con escrupulosa puntualidad inglesa, accedió al interior del cementerio de San Amaro. Hizo la primera parada ante la Cruz de los Olvidados, el monumento fúnebre que recuerda a los coruñeses muertos sin que nadie les diera sepultura o a aquéllos que se hallan enterrados lejos de la ciudad. Con el canto de la coral Follas Novas como apoyo, Vázquez, rodeado de buena parte de la corporación municipal _Javier Losada, Carlos González Garcés, María José Cebreiro, Rosa García Meiriño, Antonio Erias, Cristina Goas, Ernesto Pérez Barxa y Álvaro Someso_, colocó sendas coronas de floras en las tumbas de Alfonso Molina, Manuel Casás y Suárez Ferrín, tres de sus predecesores en la Alcaldía. «Son tres personajes muy queridos por la ciudad que, además, representan tres etapas distintas en la historia de A Coruña», argumentó Francisco Vázquez las causas de la elección de estos tres personajes. Su paseo por el camposanto de San Amaro concluyó al pie del antiguo cementerio civil, ante el monumento a los defensores de la libertad. «Quiero que esta costumbre de visitar San Amaro se convierta en una tradición», afirmó Vázquez.