CARLOS FERNÁNDEZ HISTORIAS DE A CORUÑA El artista jienense fue, con el Dúo Dinámico, el ídolo de las jóvenes en los años 60 y 70 Como Butragueño en los años 80, se dijo de Raphael que era el hijo que todas las madres hubiesen querido tener. Cara de niño bueno, voz de ángel y mucho dinero en su cuenta corriente eran tres características ciertamente atractivas. Incluso Carmen Polo de Franco le demostraba su agradecimiento en los festivales benéficos cuando el cantante le hacía una ceremoniosa reverencia desde el escenario. En A Coruña siempre actuó en medio de la expectación de un público juvenil y apasionado.
27 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Su primer concierto en los años 60 fue en el antiguo Leirón del parque del Casino, de la calle Juan Flórez. Había ganado el Festival de Benidorm con la canción Llevan, aunque no tenía todavía la fama posterior que le dieron sus actuaciones en Eurovisión. Su primer disco contenía Te voy a contar mi vida, Inmensidad, Tú, Cupido y Perdona, Otelo y había pasado casi desapercibido en A Coruña, aunque la primera canción hubiese llegado al puesto 8 en el hit parade semanal del concurso Desfile de éxitos de RNE. La segunda actuación del cantante de Linares fue en la sala de fiestas El Seijal, en San Pedro de Nos, y el lleno fue total, tanto que, a pesar de su cachet, dejó unas buenas ganancias a sus propietarios. La tercera actuación fue en julio de 1973, dentro de la programación de Festivales de España. A Coruña contaba ya con el Palacio de los Deportes de Riazor y en él se celebró el recital raphaeliano. El cantante ya se había casado con la aristócrata y periodista Natalia Figueroa y el fervor de sus fans había decrecido un tanto. Retraso En el coliseo coruñés hubo de todo. Para empezar, cuatro músicos que acompañaba al divo llegaron con retraso. Nonito Pereira, crítico musical de La Voz, escribiría: «Raphael centra enseguida toda la atención del público. Sus ademanes -que ciertamente disminuyeron- llevan el sello de un artista que está acostumbrado a moverse por las tablas como por su casa; quiebros acompasados; desplantes ensayados y entrega total».