MEDIA VIDA

La Voz

A CORUÑA

JULIÁN CARRILLO CRÍTICA MUSICAL

01 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La interpretación de la música barroca ha sufrido grandes cambios en las últimas décadas, desde los planteamientos más o menos románticos derivados de su re-descubrimiento por Mendelssohn hasta los actuales, muy rigurosos en lo que se refiere a instrumentos y criterios interpretativos. Cualquier aficionado con más de cincuenta años de edad, que durante media vida conformó su gusto en una dirección, ve cómo los grupos historicistas, que tanto proliferan últimamente, vienen a resultar comida de plato único y permanente en los conciertos con música de dicho periodo. El de Antonio Florio y su Capella resultó, al menos, entretenido. De los cantantes, cabe destacar la intervención de Invernizzi y la voz de bajo de Naviglio, que se mueve algo forzada en los registros más agudos. En el resto, sobre el canto primó la escenificación (¿semi?), bien dirigida e interpretada. Para empezar, la escena bufa que abría programa lo fue hasta el límite por la intempestiva presencia en pleno escenario de un fotógrafo, a quien el director artístico del festival, tras sacarlo de allí, hubo de convencer en sonora y animada conversación de lo inadecuado de su presencia en tan destacado lugar. Queda dicho que el grupo sonó mejor que los cantantes. La virtud de los actuales criterios interpretativos que más aprecio es la frescura y timbre de sonido, que en el caso del grupo de Antonio Florio son bien remarcables. A cambio, hay que sufrir las continuas dificultades de afinación, especialmente en vientos e instrumentos de pulso: hoy, tiorba, laúd y calascione. Ya lo dijo el gran S. L. Weiss al final de sus días: «He pasado media vida afinando mi laúd...» La Capella della Pietá de Turchini. Concierto semi-escenificado. Arias y escenas de autores italianos de los siglos XVII y XVIII. Antonio Florio, director. Teatro Rosalía de Castro, A Coruña. Festival Mozart. Viernes, 29 de junio del 2000.