Los alegres veranos del escritor

M. CARMEN LÓPEZ A CORUÑA

A CORUÑA

Wenceslao Fernández Flórez escribió gran parte de su obra en el balcón de una pequeña casa de labradores de Cecebre Hubo un tiempo en que Cecebre se llenaba de veraneantes procedentes de la ciudad. Carmen Díaz recuerda cuando una familia llenaba de baúles y libros la casa de sus padres durante los meses de calor. Uno de sus miembros, recuerda Carmen, escribía y escribía toda la noche. Era Wenceslao Fernández Flórez.

08 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

«Dormía toda la mañana. Cuando despertaba, desayunaba un enorme vaso de café con leche», dice Carmen, conocida por sus vecinos como Carmen de la Grila. Wenceslao pasó treinta veranos en una pequeña casa de campo, en el lugar de Piñeiro, a pocos metros de donde, al final de su vida, mandó construir el edificio que es hoy casa-museo. Desde allí recreó su visión de la fraga. «La familia Flórez vino por primera vez en 1913», cuenta Carmen. «Mis padres alquilaban la casa a los Flórez: 75 pesetas por temporada». Allí pasaron los meses de calor, hasta el 45, dos años despúes de que el escritor publicase su famosa novela, El bosque animado. El escritor llegaba a Cecebre acompañado de su madre, Flora, y sus cinco hermanos. «Pasaban mucho tiempo en la era. Por la mañana temprano, sus dos criadas regaban el suelo de tierra y extendían hamacas blancas». Tras la cena, la familia entera jugaba a las cartas, «Wenceslao me daba unas monedas y me dejaba participar», dice, «y jugábamos hasta que todos se iban a la cama». Todos menos Wenceslao Fernández Flórez, que en la tranquila oscuridad de la noche escribía la novela que daría a Cecebre fama internacional.