Nemo nunca estuvo aquí

RUBÉN VENTUREIRA A CORUÑA

A CORUÑA

Clientes y propietarios del Delicias debaten la teoría que vincula a Julio Verne con el popular bar Un camarero del Delicias pudo inspirar a Julio Verne la figura del capitán Nemo. «Eso din», asegura un canoso cliente del bar Delicias, el de Cuatro Caminos, antes de atentar contra la mesa de mármol con una ficha de dominó. Entro en el local tras la pista del capitán Nemo y acabo en la acera de enfrente, sumergido en el bar Nautilus. En la travesía da tiempo para surcar el periplo de un bar legendario de la mano de sus antiguos propietarios. Concluimos que Nemo nunca estuvo aquí. Pero sí Arturo Pérez Reverte.

07 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Fue el director de la Casa de las Ciencias, Ramón Núñez, el que reveló la pasada semana la teoría del camarero. Los habituales del Delicias no se leyeron la letra pequeña de esta noticia. Se quedaron en el titular. No se refería Núñez a este Delicias, sino a otro anterior. Da lo mismo. La mayoría de los que paran en este bar de Cuatro Caminos están convencidos de que Carlos, que manda esta tarde tras la barra, es el heredero lejano del puesto de Santiago López, aquel camarero en el que, cuentan, Julio Verne halló inspiración para crear al personaje principal de 20.000 leguas de viaje submarino . «Hubo otro Delicias muy anterior, y sé quién puede contar la historia. A lo mejor el camarero ése atendía allí», siembra la duda Marisol Becerra, propietaria del bar desde 1983. Se refiere a los antiguos dueños, Plácido y José, que abrieron el local en 1958. Cámara oculta Mientras aguardamos por las voces de la experiencia, cuenta Marisol que a los clientes les «ha hecho mucha gracia la noticia». «Vino un periodista a preguntarme sobre el asunto y creí que era una broma de cámara oculta». «Es que suena a coña», insiste, e invita a salir del local al periodista. «Mira, mira», señala para la acera de enfrente. Está el cartel de la lavandería Glu Glu. Y, después, el del bar Nautilus. ¿Crece la leyenda? En el Nautilus, la propietaria informa de que Julio Verne nunca estuvo allí. Se abrió en los años 50. Y 20.000 leguas... se escribió a finales del XIX. Aparecen Plácido, de 90 años, y David, de 85. Curiosamente se apellidan López, como el buscadísimo camarero. Cuenta el primero que quien «inició el Delicias fue Manuel González, que había sido tranviario en Cuba». Aquello ocurrió «antes de la guerra civil española», con lo que este Delicias, que estaba «arriba de la estación de autobuses», queda descartado también. Una pena. Porque la historia tiene misterio, aventura y clasicismo. Es muy del estilo de uno de los clientes esporádicos del bar, Arturo Pérez Reverte. Unas cuantas veces ha estado por aquí. Siempre se pone en la mesa más incómoda, la que está pegada a la nevera de los helados. «Es la peor de todas, casi siempre está vacía», asegura Marisol.