Avelino, un veterano de la rasqueta, asegura que las capturas «no presentan ningún rastro de chapapote ni nada parecido»
15 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El termómetro sobre la calidad de la jornada de pesca había que colocarlo en el punto de control establecido por la cofradía. Al pie de la torre de Hércules, tres vigilantes con una báscula de precisión examinaban los percebes extraídos según su tamaño y aspecto. Yayas, un conocido mariscador que no pudo lanzarse a las rocas por una fractura en un brazo, repartía los vales con el peso de las capturas. «Los percebes están cojonudos», sentenció con su ojo de experto. Rafael Ventureira, a pie de roca, era menos tajante. «En algunas piezas todavía se ve que las uñas están demasiado negruzcas para lo que debería de ser más o menos normal», explicaba el portavoz oficial de los percebeiros. Avelino, un veterano de la rasqueta con un toque de pragmatismo, sentenciaba: «Los percebes están todos sanos y son bien anchotes». Y sus compañeros de faena parecían estar de acuerdo, mientras se desprendían de los trajes de neopreno antes de dirigirse al punto de pesaje oficial de la cofradía. «Mañana -por hoy- todavía se nos dará mucho mejor. El percebe está hermoso», decía otro de los mariscadores mientras guardaba los bártulos en su furgoneta.