Duros y menos duros, chicos y chicas, melenas y crestas, jóvenes y no tanto acamparon ayer ante el Coliseo para estar en primera fila del espectáculo de los reyes del «metal»
23 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Marea negra ante el Coliseo, pero ni una galleta de chapapote. Actúan los maestros del metal y allí nunca hubo tantas camisetas negras, pulseras de pinchos, tachuelas, melenas y litronas juntas por metro cuadrado. Sólo son las seis de la tarde. Dentro de cuatro horas serán 11.000 almas las que boten con Iron Maiden, tres décadas en la brecha y aún haciendo legión. Desde el cincuentón que ya ha echado barriguita al fan quinceañero. «¿De qué va esto?», pregunta una mujer con una bolsa del súper en cada mano. «¡Son los Maiden, señora, que no se entera!», brama un chaval que ni siquiera tiene carné de identidad. Óscar -«mejor pon ahí Tosky»-, Sito, Nacho y Fran han venido desde Pobra do Caramiñal para verles. «Nos perdimos el concierto de Ourense, no podíamos faltar ahora», explica Tosky. Si él está aquí es porque Fran, su hermana, «me torturó desde pequeño con los Maiden. No me gustaban y lloraba, pero ahora estoy enganchado». Sin pegar ojo Más valor le echan Martín, Adrián y Jorge, de Vigo. «Llevamos 27 horas aquí», aseguran orgullosos. Como ellos, treinta irons más se han quedado sin dormir para estar en primera fila. Patricia y Natalia, aún en la ESO, no sólo han hecho pellas, se han saltado el examen de biología. Y no para ver a David Bustamante. «Le cogí un disco de ellos a mi hermano hace dos años y hasta hoy. A muerte», señala Patricia. Para comprobar su fe en Iron Maiden, una pregunta sobre la nacionalidad del grupo. «Ingleses, del East End», responde. Y acierta. La leyenda también cuenta que el nombre de la banda lo sacaron de un objeto de tortura -un ataúd de metal lleno de pinchos- que vieron en una vieja película. La segunda versión es que los doncella de hierro querían parecerse a la dama del mismo metal, Margaret Thatcher. En mitad de la acampada, con canciones que escapan por los altavoces de los coches y olor de hamburguesas de un puesto que han instalado en menos que canta un gallo, se extraen varias conclusiones. La fauna heavy es variada. Entre la muchedumbre se cuelan camisetas de otras bandas del gremio como Metallica y AC/DC, la de la lengua de los Stones, Los Suaves y hasta la del Depor. «Dudábamos entre venir a este concierto o ir al de Bisbal, pero éste nos quedaba más cerca», bromea una pandilla oriunda de Arousa. Pese a su fama de chicos malos, los heavies no buscan pelea. «Perdón», le suelta un chico a otro al que casi le tira media cerveza encima. Por lo menos, no la buscan de entrada. «Si me pisan, piso», advierte otro.. Tampoco son tan duros como parecen. «Las mejores baladas son las heavies », declara un fan. Y no están anclados en el pasado. De hecho, tienen móvil.