Mikel Erentxun reunió a 8.000 personas en la plaza Elíptica de Los Rosales El artista convirtió ayer A Coruña en una de sus «Ciudades de paso»
23 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Mikel Erentxun coronó ayer un ochomil , el de Los Rosales. La plaza Elíptica se llenó con el mismo aforo que llena el Coliseo -ocho mil-, y, como en el recinto de espectáculos, hubo gran entrada en el tendido bajo y en el tendido alto: desde abajo aquello parecía un pub, la gente charlando y tomándose una copa. Gente tranquila en barrio residencial. Todo cuaja. De tendido alto hicieron los cientos de salones que miran a la plaza Elíptica. En zapatillas y bata, los rosalianos disfrutaban de un concierto en el que Erentxun presentó su nuevo disco Ciudades de paso , alternando la española con la eléctrica y rescatando algunos de los temas que cantaba cuando formaba parte del ya desaparecido Duncan Dhu -el disco es el primero que saca a la venta tras la disolución definitiva del mítico grupo-. Corrió mucho el aire y Cruz Roja tuvo una noche tranquila. No hubo desmayos, como en el concierto del parque Europa, o al menos físicos. «Lo mío es desmayo psíquico. Llevo toda mi vida pegada a un disco de Mikel Erentxun. No puedo escuchar En algún lugar sin que se me ponga la carne de gallina», confesaba Beatriz, veintitantos -la cifra exacta sí que no quiso confesarla-, a cuarenta metros largos de la guitarra del caraqueño. Cometió el error de llegar tarde al evento, y ya estaba el pescado vendido. Toda la explanada llena, los coches subidos a las aceras. Erentxun vino al norte para cantar En el sur , pero ayer nadie se lo echó en cara. Eso sí, fue difícil para muchos disociarlo de su etapa junto a Diego Vasallo. «Para mí seguirán siempre juntos. Es como los Beatles: por mucho que se separen y cada uno toque por su lado, en mi memoria siempre queda el grupo entero», dice Manuel García entre refresco y refresco. Lágrimas Los proyectores apuntan con sus luces a los edificios de la plaza Elíptica. Erentxun cambia de guitarra, y toca Creo en ti . Hay alguna lagrimita. No es sólo voz lo que aquí se vende: aquí hay recuerdos, los de ocho mil personas escuchando por toda una generación, de por medio.