Oscar coruñés

RUBÉN VENTUREIRA

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

07 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LA PELÍCULA que ha colocado la cabecita de Amenábar bajo la manzana de la Casa de las Ciencias nos ofrecerá a un Bardem caracterizado al gusto de la Academia de Hollywood. Tiene querencia esta institución por premiar a actores de tronío metidos en la piel de sujetos con mermas físicas o psíquicas. A bote pronto, cuatro ejemplos: el autista Dustin Hoffman de Rain Man , el pintor con parálisis cerebral que Day-Lewis interpretaba en Mi pie izquierdo , el ciego bailarín de Al Pacino en Esencia de mujer o el desequilibrado pianista que Geoffrey Rush construía en Shine . En esta línea va el papel de Bardem en Mar adentro . Rozó el Oscar recreando a un escritor gai con sida y podría alcanzarlo dando vida al hombre que eligió la muerte, Ramón Sampedro. No me entusiasman este tipo de caracterizaciones. Ya decía Billy Wilder que los grandes actores lo demuestran en los detalles más simples. Fíjense cómo resumió una vez su vasta colaboración con Jack Lemmon: «¡Cómo abría las puertas!». Pero el caso es que las puertas del Oscar se le podrían abrir a Bardem. Tiene a su favor este papel-caramelo y las meigas. Belle Epoque (donde Jorge Sanz mencionaba a «La Coruña») y Todo sobre mi madre (donde salía un hospital coruñés) ganaron la estatuilla.