Escritor hasta el día de su muerte

La Voz

A CORUÑA

24 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Las noticias de la estancia de Macanaz en A Coruña se deben principalmente al texto escrito por él mismo, titulado Representación dirigida a Fernando VI , y que lograría llevar a Madrid su cuñado José Cortés, que era teniente coronel. En la introducción decía: «Es el último movimiento de mi fidelidad, del sacrificio de mi libertad y de mi vida, para que conozca el mundo que en esta acción no aspiro a mi propio alivio en tiempo, que ya no puedo obtenerlo, ni el logro de ninguna especie de venganza contra mis émulos». Tras considerar que San Antón era la peor prisión de España para sus dolencias, decía que en la casa donde fue después recluido le vigilaban un sargento, un cabo y siete soldados, negándosele inicialmente un médico, aunque al final lo atendió un cirujano francés del cercano hospital militar, con el que sólo pudo hablar de su enfermedad. Pidió después un confesor y a éste se le hizo jurar, ante el capitán general, conde de Itre, que no atendería ningún encargo del detenido. Finalmente, el 16 de julio de 1760, ya con Carlos III en el trono, el ministro Esquilache envió una orden al capitán general, Cristóbal de Córdoba, para que se pusiese en libertad a Macanaz. Resultaba patético el haber tenido preso durante tanto tiempo a un anciano de 90 años, casi ciego, corroído por el reuma, sólo por un supuesto delito de opinión. Pero todavía peor fue que el 28 de noviembre de ese mismo año, a tan sólo una semana de su muerte, la Inquisición decidiese dejar sin castigo al inculpado.